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Prólogo del libro “Futurizable” sobre el trabajo del futuro

El amigo Javier Martín acaba de sacar a la venta el libro Futurizable con un completo e interesantísimo compendio de artículos sobre tecnologías y tendencias que marcarán nuestro futuro inmediato.

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El libro estará en breve disponible en papel y ya lo podemos conseguir en formato digital en Amazon en formato .mobi para dispositivos kindle o en Dropbox en formato PDF y epub para otros lectores de libros electrónicos. Los suscriptores de la newsletter Futurizable pueden descargarlo de forma gratuita.

Javier me pidió que realizara un prólogo para su libro y él mismo eligió uno de los temas de los que ya había hablado en mi blog. Os dejo, a continuación, el prólogo sobre el futuro del trabajo.

¿Habrá trabajo para todos?

Cada vez que hablamos de todas las tecnologías que provocan cambios con aceleración exponencial tenemos la sensación de estar en ese momento clave, ese famoso punto de inflexión (tipping point) en el que, de la noche a la mañana, nada será igual y no habrá sector o industria que no tenga que ser reinventado.

Es verdad que en las próximas décadas, gracias a la combinación de diferentes tecnologías cada vez más abundantes o baratas, vamos a tener que enfrentarnos a nuevos retos muy relevantes: estaremos cerca de la energía global accesible y gratuita, de la esperanza de vida casi ilimitada y de una superinteligencia capaz de racionalizar y optimizar complejos problemas globales que hoy no somos capaces de abordar.

Pero la sensación de vértigo no es algo nuevo. Muchos de nuestros antepasados tuvieron estas mismas sensaciones desde hace siglos. La sensación de aceleración continua es una constante en toda nuestra historia, la derivada de la función exponencial “e elevado a x” vuelve a ser “e elevado a x”. Dicho de otra manera, aplicando una escala local o una perspectiva histórica que relativice las cosas, muchos antepasados sentían estar, al igual que nosotros hoy, en ese momento clave a partir del cual nada sería igual.

Si pensamos en algunas de las revoluciones que hemos superado en nuestra historia, podríamos imaginarnos algunas de las preocupaciones de nuestros antepasados: “a este paso ya no vamos a tener que salir a cazar todos los días”, “¿no va a ser necesario ir a por agua?”, “cuánto tiempo libre, ¿para qué?”, “con la automatización de la agricultura no van a ser necesarios tantos agricultores ni ganaderos, ¿a qué nos vamos a dedicar?”, ¿máquinas fabricando objetos?, ¿qué va a ser de los trabajadores de la industria?”, “¿máquinas que controlan, conducen, gestionan o piensan casi como personas?, ¿qué vamos a hacer con los taxistas, los médicos o los dependientes?”.

Imaginemos un diálogo ficticio entre: (A), un tátara-tátara-…-tátara abuelo, nacido hace 200 años; y (B), uno de nuestros sobrinos milenials.

(A): Estoy muy preocupado porque no sé qué oficio va a heredar mi hijo. Trabajo en un taller donde se fabrican enseres de metal para la casa y cada vez hay más máquinas que empiezan a producir los objetos en menor tiempo y somos menos los obreros necesarios. Ahora las máquinas empiezan a tener elementos eléctricos que además permiten hacer las cosas de forma más automática todavía.

(B): Pues yo estoy preocupado por mi propio futuro. Trabajo como comunity manager en una empresa de la industria del sector turístico y ahora están empezando a incorporar unos bots que generan contenido automático en función de nuestras ofertas y que directamente contestan a los clientes que nos consultan dudas.

(A): ¿Qué es el sector turístico?, ¿de quién eres manager exactamente?, ¿qué es un bot?… Mejor empieza por el principio… ¿qué es lo que fabricáis en tu empresa? Bueno, como tu trabajo parece demasiado avanzado y puede que no lo entienda, cuéntame qué otros tipos de trabajos hay en tu época, igual me valen para coger ideas sobre qué debo empezar yo a prepararme. ¿Por ejemplo, de qué trabajan tus hermanos?

(B): Pues mi hermano menor ahora organiza campeonatos de eSport. Tuvo éxito como comentarista de partidas de fútbol en YouTube, luego fue manager de uno de los equipos de la liga en un operador móvil. Le va bastante bien, en la última edición tuvieron 350.000 seguidores del partido.

(A): Vaya. Suena impresionante. YouTube supongo que será una ciudad muy grande y lo de eSport supongo que será algún deporte. Otro día me cuentas lo del que opera de manera móvil. He oído hablar del juego del fútbol pero no sé qué es el deporte aparte de algunos juegos. Y lo que más me extraña es ¿cómo consigue tu hermano ganar dinero haciendo deporte? Tienes algún familiar que tenga algún otro trabajo que sea más fácil que yo pueda entender y aprender.

(B): Bueno, aunque para la mayoría de trabajos hay que tener preparación en cosas muy sofisticadas, hay algunos otros que yo creo que sí podrían ser más sencillos de entender. Mi primo era asesor de imagen de un político y ahora ha montado una empresa que organiza eventos y convenciones. También tiene un equipo de personal shoppers y ahora se ha asociado con unos arquitectos de interiores y están empezando a diseñar y personalizar espacios para ferias virtuales.

(A): Déjalo… no entiendo cómo pueden pagar por organizar esas cosas, o por ayudarte a hacer la compra… Creo que no me puedes ayudar mucho porque eres demasiado avanzado para mi tiempo… Si te parece, dejamos que siga hablando el narrador a ver si voy pillando algo.

Y así volvemos con nuestra gran preocupación: a qué nos vamos a dedicar dentro de 10 o 20 años, cuando un robot pueda ser nuestro camarero, o nuestro enfermero, o nuestro cocinero; o cuando un programa de software empiece a sustituir a nuestro médico de cabecera, a nuestro director financiero, a nuestro taxista, a nuestro teleoperador o a nuestro locutor de radio.

Si miramos hacia el pasado vemos que en los últimos dos siglos nos hemos inventado y desarrollado, de manera muy sofisticada, nuevas industrias que no satisfacen necesidades básicas como la fabricación de objetos o alimentos.

¿Cómo explicamos a uno de nuestros antepasados la gran importancia que tienen en nuestra economía mundial la industria del turismo, o la industria del cine, de la televisión, el internet, los móviles, la gastronomía, el deporte, la moda, o la industria de la música, el teatro, la danza, o el ecommerce, los influencers, los youtubers, los videojuegos, la industria de la publicidad…? Las llamamos industrias porque tienen un modelo de negocio económico, pero no por la capacidad de fabricación de objetos materiales. Por otro lado, los servicios inmateriales que venden están basados en otros bienes y servicios inmateriales igualmente, por lo que no existe ya ese límite de recursos para comerciar.

Imaginemos cómo explicarle a nuestro antepasado (A) acerca de la cantidad de gente, tiempo y trabajo necesarios para realizar una película actual, o sobre el ingente número de colaboradores y tiempo invertido en documentar los cientos de webs que recogen todos los detalles de las sagas de ficción “StarTrek”, “Harry Potter” o “Los Simpsons”.

Os propongo que intentemos responder a las preguntas que podría plantearnos nuestro antepasado y comprobaremos que estaremos respondiendo a las mismas preguntas que hoy nos planteamos nosotros acerca de nuestro futuro.

“¿Dónde vamos a encontrar o crear esos nuevos espacios de bienes para la nueva economía?”

Al igual que internet ha sido un nuevo espacio (creado sin límites geográficos, con sus propias normas, idioma, monedas y modelos de negocio) sobre el que se han construido un montón de nuevas industrias y empresas, imaginemos las posibilidades que nos darán los distintos mundos virtuales cada vez menos distinguibles del mundo real. Centrémonos sólo en la nueva industria del ocio virtual, ¿cuántos decoradores, asistentes personales, asesores, guías turísticos, profesores, diseñadores de personajes, estilistas, iluminadores, guionistas o directores pueden hacernos falta en el futuro para dar contenido a los mundos de fantasía que puedan desarrollarse en espacios virtuales que todo el mundo se pueda inventar?

“¿Llamaremos a eso trabajo?”

Pregúntale a (A) si lo que hacemos hoy para ganarnos la vida, lo considerarían un trabajo hace un par de siglos.

“¿Nos pagarán por ello? “

Puede que sí o puede que no. Si es que no, será porque hemos alcanzado un nivel de cobertura social y económica en la que cobrar por “esos trabajos” pueda llegar a ser algo opcional. O bien porque el dinero haya ido perdiendo valor para la mayoría de bienes y servicios de primera necesidad.

“¿Cómo de rápido habrá que adaptarse?, ¿nos dará tiempo a reciclarnos?“

Es más fácil predecir el futuro de dentro de 20 años que el de dentro de 5 años ya que a corto plazo hay multitud de variables, coyunturas, como por ejemplo los temas políticos o regulatorios que pueden adelantar o atrasar los cambios económicos y sociales impulsados por los cambios en la tecnología. Nos esperan muchos conflictos y resistencias de todos aquellos colectivos que hoy siguen pensando que tenían un trabajo o carrera profesional que les duraría toda su vida.

La forma más segura para no ser incluidos en los colectivos de profesionales que más sufrirán en los próximos años es precisamente no pensar que nuestro trabajo es para toda la vida. Debemos ir olvidando lo de trabajar “de lo nuestro”, lo de tener el futuro asegurado porque un día conseguimos una licencia, aprobamos una oposición o nos hicieron un contrato fijo.

Cuando rediseñemos el concepto de “jubilación” profesional, dejaremos de aferrarnos tanto a defender esos trabajos que hoy van quedando desfasados pero que necesitamos que nos duren hasta llegar a una edad de jubilación.

Lo más valioso será nuestra capacidad de aprender rápido, de adaptarnos a los cambios. Viviremos profesionalmente cada vez más ciclos donde combinaremos formación y ocupación cada pocos años. En cada iteración pivotaremos sobre algo que sabemos hacer y algo que nos gustaría saber hacer. Si tenemos suerte, convertiremos nuestros hobbies en nuestras siguientes profesiones. Contaremos cada vez con más ayuda de máquinas que nos entrenen para ser lo que queramos ser. Adaptaremos nuestra vida profesional a la extensión cada vez mayor de la esperanza de vida. Puede que a los 30 años nos encante ser algo parecido a un programador informático, a los 60 años algo parecido a un médico, a los 90 algo parecido a un político y a los 120 años algo parecido a un filósofo o un historiador.

“¿Será necesario trabajar?”

No como obligación. No para alimentarnos o sentirnos seguros.

“¿Habrá trabajo para todos?”

Como hemos explicado con algunos ejemplos sencillos, añadiremos cada vez un mayor nivel de complejidad o sofisticación por el que crearemos trabajos para todos los que quieran trabajar.

Espero que todos quieran trabajar, porque dejará de ser un elemento de necesidad básica para convertirse en un estímulo, un modo de sentirnos parte de un grupo social, sentirnos únicos, distintos, sentirnos vivos gracias a la capacidad de reilusionarnos con nuevos retos y de hacer cosas relevantes, valiosas e importantes para los demás.

¿Cuáles serán los trabajos más valiosos?

Los que combinen una aproximación humanista y científica para abordar la gran cantidad de retos éticos y filosóficos que se generarán en torno a la creación, modifcación y mantenimiento de la vida, y acerca de nuevos modelos de convivencia (económica, social, política y religiosa) que respeten la diversidad y optimicen la abundancia de recursos de una forma sostenible.

¿Podríamos enumerar algunas profesiones a las que veamos mucho potencial en 15 o 20 años?

No. No quiero ponerme colorado leyendo este libro dentro de 10 años. Basta mirar las profesiones más demandas hoy y comprobar que no podían ser ni siquiera definidas hace 10 años. Intentemos ser creativos pero no meramente ocurrentes esforzándonos con una lista de profesiones rimbombantes como “científico de datos especializado en psicología de robots mineros en Marte” porque podríamos ser ocurrentes pero no acertaremos demasiado.

¿Cuáles serán las habilidades o capacidades más necesarias en esos trabajos del futuro?

Necesitaremos una base técnica-científica, (ciencia, tecnología, matemáticas e ingeniería) para entendernos con nuestras nuevas herramientas (nuestras máquinas inteligentes del futuro) y necesitaremos potenciar mucho más nuestras capacidades de entendimiento y trabajo en equipo, de comunicación con máquinas (para transmitirles un plan o unos objetivos), de comunicación con personas (para construir con ellos visiones colectivas y para motivarles e ilusionarles con un fin que merezca la pena), y nuestra creatividad para plantear las preguntas correctas y plantear las necesidades a resolver que sean realmente oportunas.

“¿Por dónde empezamos?¿cómo nos preparamos para este futuro lleno de incertidumbre, de cambios y de retos?”

En primer lugar, estando atentos para conocer y entender, en la medida de lo posible, las principales tendencias y revoluciones tecnologías que actuarán de palancas de transformación en los próximos años. Para ello, este libro es, sin duda, una magnífica recopilación del estado del arte en numerosas tecnologías disruptivas, así como de tendencias y ejemplos que no sólo nos anticipan ese futuro que nos espera, sino que, ojalá, también nos inspiren para que seamos nosotros quienes tomemos las riendas de ese futuro en el que, como siempre, casi todo vuelve a estar por inventar.

José Luis Vallejo, CEO de Sngular

 

Los BOTs supondrán el fin de los buscadores, de las apps, de los comparadores y cambiarán la publicidad tal y como hoy la conocemos.

Creo que el titulo se explica solo pero esta vez me he propuesto pasar del tweet al blog así que me voy a explicar un poquito más.

Allá por el año 2000, para situarnos en una fecha que en internet es fácil de recordar como referencia, ya teníamos a los buscadores comenzando a liderar la web y existían también un gran número de portales de “clasificados” en donde se ponían de acuerdo oferta y demanda para diferentes categorías de servicios. Los portales tipo segundamano (ahora Vibbo) o como Craiglist en USA permitían ya entonces compartir una habitación de casa, compartir un viaje en coche, comprar una bici de segunda mano o encontrar la mejor tienda de coleccionistas de cualquier cosa.

Hoy, cada una de esas categorías de clasificados, ha explotado en cientos o miles de startups especializadas que luchan por adquirir masa crítica para reinar en internet y algún día, incluso, ganar dinero. Es fácil identificar hoy a los líderes mundiales, los airbnb o los Uber de cada sector y también poder recordar los 2 o 3 operadores principales de cada cosa en cada región o en cada ciudad. Son cada vez más los nuevos jugadores que aspiran a hacerse un hueco en cualquiera de los nuevos nichos de mercado, inventando y refinando modelos de negocio, con servicios derivados o superpuestos a otros modelos de negocio igualmente innovadores que todavía luchan por despegar. Cada vez hay más jugadores, alentados por la aparente (y solo aparente) baja barrera de entrada para iniciar un nuevo modelo de negocio y comenzar la lucha en el ecosistema de startups disruptoras o creadoras de nuevos modelos digitales. Por ello, porque cada vez hay más jugadores y cada vez la masa crítica a alcanzar se hace más costosa, resulta cada vez más difícil ganarse ese pequeño espacio reservado a las pocas compañías que llegan a crecer y sobrevivir lo suficiente hasta ser conocidas, ser recordadas por los usuarios cuando necesitan un servicio, y para ello hacen falta recursos económicos cada vez mayores para invertir en marketing (de manera directa o indirecta) y generar marca. Eso hace que la ingente pasta necesaria para consolidar modelos sencillos pero que se hagan el hueco en nuestro “top of mind” de un tipo de servicio que hemos conseguido explicar o trasladar al merado, sólo se consiga a base de vender expectativas (exponenciales por supuesto) y no realidades.

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Fuente: OuiShare

¿Cuantas empresas conoces que reparten comida a domicilio?. ¿conoces las diferencias entre ellas o simplemente utilizas una habitualmente una y te has planteado estudiar si hay otras mejores? ¿y para pedir un taxi (o equivalente)? ¿y para comprar un billete de avión? ¿cuántas apps tienes instaladas en tu móvil para pagar el parking? ¿y para reservar un hotel? ¿tienes alguna para que te planchen camisas a domicilio?¿crees que habrá alguna para que venga un cuidador hoy a tu casa a quedarse con tus hijos un par de horas? ¿cuántas apps hay disponibles en los markets de aplicaciones móviles de Apple o Google para cualquier cosa que se te ocurra que puede hacer tu móvil?.

Las respuestas normales suelen ser: conozco 2 ó 3, no me planteo si hay nuevas alternativas o mejores porque ya me he acostumbrado a usar una en concreto, no quiero instalarme más cosas en mi móvil, bastante lío tengo ya recordando miles de contraseñas para todas ellas, paso de aprenderme nombres de empresas o instalarme apps que no sé cuánto van a durar y prefiero buscar siempre en mi buscador favorito (que es siempre el mismo porque para qué buscar en varios), o sólo uso servicios de las empresas que se anuncian por la tele que tienen que ser las que tengan dinero ahora mismo y por eso estoy tranquilo de que son empresas que siguen funcionando.

Pues tengo que deciros algo, amigos, remedando el anuncio de detergente: el buscar, el instalar y el anunciar se va a acabar… (en gran medida).

¿Qué pasaría si tuviéramos un “cuñao” al que preguntarle o pedirle de todo?. Un cuñado que fuera muy listo, y que además tuviera mucho tiempo libre, y que nos quisiera tanto que estuviera todo el tiempo pendiente de lo que pudiera ayudarnos… Vamos, que más que un cuñao sería nuestro “supercuñao”. Buscaría en todos los buscadores, se instalaría todas las apps, probaría todos los servicios, se leería toda la letra pequeña de todas las condiciones de todos los servicios y además, supiera de nuestros gustos, de nuestras necesidades y en todo momento nos aconsejara o directamente se encargara de nuestras cosas. Sería mucho más que un asistente personal, sería mucho más que un sabelotodo, sería mucho más que un comparador… sería el que elegiría siempre la mejor opción disponible. Empezariamos por las cosas sencillas: quiero un hotel, quiero un taxi, quiero una pizza… y todas esas grandes necesidades del primer mundo que están todos los ejemplos de negocios disruptivos. Pasemos a esas dudas a las que nos enfrentamos también periódicamente: hay un mejor seguro, qué hipoteca me conviene, qué móvil me aconsejas, dónde me voy de vacaciones, cuánto puedo ahorrar o gastar si cambio de coche, o me puedo permitir ese viaje. Ya lo estoy viendo…Hay que reconocer que este supercuñao es un chollo y encima es alguien discreto que no le dice a mi familia todas las cosas en las que estoy pensando, sólo él sabe de mi economía, de mis condicionantes, de mis planes secretos.

Pero es que este supercuñado es cada vez más listo, se pasa las noches leyendo, no sé cómo saca tiempo para decirme que ha comparado 1.453 ofertas de seguros de coche y se ha descargado todos los datos que le da la centralita de mi coche, ha mirado los itinerarios en base a mi agenda, ha previsto mis viajes, y va y me dice que me vendría bien un cambio de seguro, que me ha sacado un seguro de viaje para el próximo 16 y 18 de marzo y no sé qué de que me ahorro ese día un 3% de seguro mejorando mi cobertura en el caso de que me quede sin gasolina por el camino. Yo alucino con mi supercuñao.

Cómo no le voy a hacer caso si sabe de mí mucho más que yo mismo… y además siempre me contrata unos chollos increíbles de esos que nadie conoce porque no se anuncian en televisión, son empresas no muy conocidas por los demás pero que ofrecen cosas muy interesantes que siempre se adaptan a mi estilo de vida.

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Monty Frugal

Estoy deseando que mi supercuñao acabe el cursillo de “cómo aconsejar qué estudiar a tus hijos”  que me han dicho que tiene en cuenta las nuevas 12000 cursos y titulaciones que salen este año, porque ya el año que viene me tocará empezar a aconsejar a mi hijo sobre lo que más le puede interesar como próximo estudio (menos mal que aunque mi hijo sabe que yo siempre pregunto a mi supercuñado, prefiere que sea yo quien le termine aconsejando porque a él le entiendo yo mejor).

Y lo que más me sorprende de mi supercuñao es que ni siquiera tengo que escribirle para preguntarle cosas, no sé cómo siempre sabe cuándo puedo necesitar un taxi o sabe cuándo planificar mis inversiones y cuándo revisar los temas de salud. Bueno sí, claro, lo sabe todo de mí porque ya le di todas mis contraseñas de mi banco, mi acceso a mis datos médicos y sospecho que también porque lo saca todo de ese móvil que me regaló.
Por cierto, desde que tengo la ayuda de mi supercuñao, hace mucho que ya no busco cosas en internet, tampoco me molesto en instalarme apps (prefiero hablarle por el pinganillo porque siempre está el tío ahí pendiente y me responde en segundos). Ah, sí, sigo viendo la tele, y de vez en cuando me trago algunos anuncios. Me gustan los de colonia (sobre todo esos que no se entienden) o los de coches… pero cuando veo que aparecen anuncios de otro  nuevo servicio de internet de planchado a domicilio, pienso… qué logo y musiquilla más chulo, pero seguro que mi cuñado se sabe ese y otros muchos servicios mejores que ese que han invertido el dinero en dar mejor servicio y no en hacer el anuncio de tv.

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El que, a estas alturas, no haya sospechado ya, que mi supercuñado es un AI bot o simplemente Bot (un agente con inteligencia artificial, lo que en el futuro llamaremos persona sintética o algo así que hoy suena raro), por favor, con todo mi cariño, que vaya cambiando de blog al que leer.

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Por cierto, en Sngular, aprovechando que tenemos en casa todas las capacidades de procesamiento de lenguaje natural en varios idiomas (nuestro producto MeaningCloud ofrece en modo SaaS muchas de estas capacidades), nos vamos a poner ya a trabajar en un primer proyecto de AI-Bot que se llamará Alfred (como el mayordomo de Batman). Nos hace mucha ilusión. Sabemos que en los inicios nuestro Alfred no entenderá ni hará gran cosa y será un poco simplón, pero nos da pinta de que va a ser de los que aprenden rápido y que poco a poco se hará confiable e imprescindible, ojalá llegue a ser ese supercuñao que todos querremos tener.

El IoT, mucho más de lo que hoy imaginamos

En mi empresa (Sngular) arrancamos el año con el lanzamiento de una nueva competencia: El Internet de las cosas (Internet of Things o IoT para los amigos). Pensamos que tenemos ya en la empresa todas las capacidades necesarias para combinar en hardware, software, cloud computing, data analytics, cognitive computing, machine learning… de forma que podamos ofrecer soluciones innovadoras en IoT y en especial al sector industrial, que ahora se enfrenta a la llamada cuarta revolución o Industria 4.0 y en el que ya hemos hecho una decena de proyectos muy interesantes.

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Pero hoy no vengo a hablar de Sngular, quiero aprovechar para hablar un poquito de qué debemos entender o esperar de esto del IoT porque se tiende a banalizar lo que, a mi juicio, es el inicio de toda una nueva gran revolución en todos los sectores. 

En la mayoría de los casos, cuando se piensa en ‘Internet’, se piensa automáticamente en ‘la web’, pero eso es como si cuando a uno le preguntases qué es la electricidad pensase únicamente en una bombilla que da luz y no viera que la bombilla es sólo uno de los muchos usos de la electricidad.

Como todos sabemos, con la electricidad, además de poder generar luz (con una bombilla o un led), también podemos generar calor (con una resistencia) o movimiento (con un motor eléctrico que puede mover un ventilador, un coche, una grúa o un ascensor).

De igual manera, Internet es la infraestructura, los protocolos y estándares que nos dan la capacidad de intercambiar información digital a nivel mundial. Encima de esta capacidad de comunicación, se desarrollaron multitud de servicios (para transferir ficheros, para mandar correos electrónicos, o para navegar por la web de contenidos que últimamente se han convertido en aplicaciones vistosas donde el formato ha triunfado sobre el contenido).

Por ello, dado que pensamos en web al hablar de Internet, nos hemos vuelto a inventar otra palabra, el “cloud” o la nube, para cuando Internet no tiene interfaz para los humanos, para cuando sólo nos queremos referir a la capacidad de almacenar todo en la red, proporcionando acceso universal desde cualquier dispositivo, y añadiendo además a la propia red ordenadores servidores para el procesamiento de dicha información de manera mucho más potente y eficiente que procesando la información con los ordenadores de las empresas o usuarios de la red.

Ya hemos hablado de lo que se nos viene a la cabeza por Internet pero, ¿qué pensamos sobre “las cosas”? Normalmente pensamos en los aparatos y máquinas más domésticos que tenemos a nuestro alcance y que manejamos directamente (el frigorífico, el coche, el móvil, la lavadora, o las luces y persianas de nuestra casa). 

Por eso, cuando se habla de Internet de las cosas, la noticia del telediario solía ser hasta hace poco la de una pantalla táctil para navegar por Internet desde la puerta del frigorífico (que coincidiréis conmigo en que es el lugar en el que más cómodamente uno puede consultar las redes sociales o las recetas de cocina o hacer la compra de los huevos que vemos que faltan en el frigorífico). También nos imaginamos un Internet de las cosas que se limite a ampliar las funciones de nuestra pantalla del coche para reproducir mis canciones favoritas desde Spotify. Y no digamos la maravilla que supone que con el móvil podamos decirle de camino a casa que el horno se encienda para que el pollo esté a punto cuando lleguemos al hogar. Se da por hecho que la preparación previa del pollo es lo de menos.

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Sin duda, esa capacidad de conectar nuestras cosas, nuestros cacharros, para que sea más fácil manipularlos, parece revolucionaria y cómoda, pero os aseguro que ese no es el IoT que lo va a revolucionar todo; tendemos a simplificar, pensando que esto de las cosas inteligentes sólo se aplica a lo que nosotros usamos, cuando la mayoría de las cosas que se van a ir haciendo inteligentes van a empezar a “hablar” entre ellas, sin que nosotros nos enteremos ni intervengamos de ninguna manera: un semáforo con un coche, un coche con otro coche, un candado o una alarma con una cámara que reconozca una cara, un sensor de humedad y un GPS con un tractor que se conduzca sólo, un contenedor de basura con un camión de basura…

Es ese “Internet silencioso”, el que no tiene interfaz gráfico para los humanos, el cloud que se limita a conectar todo, a almacenar la información de todo… y la conexión al cloud de trillones de dispositivos, sensores, máquinas, microprocesadores o pequeñas inteligencias repartidas por todas las máquinas cada vez más autónomas, máquinas que no son ya manejados por personas, máquinas que hablan con máquinas (M2M o Machine to Machine); ese Internet, decíamos, es realmente el que va a revolucionar la industria en la llamada cuarta revolución industrial o Industria 4.0.

Para simplificar, la primera revolución industrial fue la facilitada por la máquina de vapor, la segunda por la electricidad, la tercera por la electrónica e informática, y la cuarta es la que facilita internet por la que se mezclan máquinas físicas y lógicas, las máquinas hablan con las máquinas (M2M), y empezamos a hablar de cyberObjetos (objetos inteligentes y conectados), o de Internet for Everything o Internet de las Cosas (IoT) que son únicamente nombres marketinianos de los que nos vamos aburriendo sucesivamente.

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Os pongo algunos ejemplos sencillos que ya son posibles con la tecnología actual y que irán inundando nuestras vidas, nuestros objetos, nuestros edificios, nuestras fábricas, nuestros hospitales, nuestras escuelas, nuestras ciudades de manera progresiva e imparable.

El cerebro de un ascensor

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El cerebro del ascensor sabrá en qué estado de desgaste están todas las piezas del sistema, según su uso; enviará informes detallados a su central; anticipará fallos en sus sistemas solicitando sustitución de piezas o revisiones técnicas específicas mientras sube y baja por los pisos de un rascacielos a petición de las personas que pulsan los botones, abriendo y cerrando sus puertas automáticamente; aprenderá a ser más eficiente para usar la energía, para tardar menos tiempo, pero también hablará con el resto de ascensores del edificio, y con las escaleras mecánicas, y se “entretendrán” en observar  cuánta gente entra, o sale, en cada planta, en cada momento, y observarán a sus pasajeros y calcularán con mucha precisión de qué peso, de qué altura, de qué género, de qué edad, de qué costumbres son; podrán saber y podrán predecir cuánta gente hay o habrá en cada planta en cada horario, según el día de la semana, cómo se ven afectados estos patrones si se toman decisiones en el edificio. Si este edificio es un centro comercial, podrá servir para optimizar las ventas. Si este edificio es de oficinas, probablemente también tendrá contadores de personas en salas de reuniones, optimizará cómo se gasta energía en climatizar, en limpiar las oficinas, en aprovechar mejor las instalaciones según la cantidad de personas que lo utilizan en cada momento. Lo lógico es que estos edificios nos empiecen a hacer recomendaciones y nos propongan escenarios que podamos simular y que permitan optimizar los horarios, o la distribución de la actividad, o mejorar los costes de mantenimiento o la eficiencia energética.

Nuestro coche.

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Nuestro coche, con un corazón cada vez más electrónico, no sólo nos mostrará la pantalla multimedia de última generación, monitorizará el estado de todos sus componentes, anticipará averías, guiará al técnico en la reparación o revisión y seguirá siendo cada vez más eficiente y barato de mantener, sino que  también tendrá información, muy codiciada por nuestro seguro o por muchas empresas, acerca de cómo usamos el coche, qué estilo de conducción tenemos, por dónde nos movemos, cuál es la ruta idónea, qué está haciendo el coche de 5 coches delante nuestro en un atasco o, al cruzarnos con otros coches, se intercambiarán con detalle el estado del firme que nos vamos a encontrar en los próximos kilómetros y que acaban de ser escaneados por el coche que venía en sentido contrario. En muy poco tiempo, el coche podrá llevarnos a cualquier sitio de manera autónoma porque, sin duda, será mucho más seguro que conduzca la máquina, que tendrá mucha más información, muchos más reflejos y mucho más control de la conducción. Los semáforos luminosos para humanos serán completamente prescindibles. Se evitarán mucho mejor los atascos. Desaparecerá el problema de “aparcar”.

Los coches llevarán a nuestros hijos al colegio y luego se volverán a casa a esperarnos o nos irán a recoger al trabajo pasando previamente para que les carguen la compra. La ciudad cambiará dinámicamente sus reglas para que la circulación sea ágil, para que los parkings se utilicen de manera eficiente, para que la contaminación disminuya, aprenderá de lo que le digan los coches y los coches se adaptarán a lo que les digan los elementos de la ciudad. Cuando lleguemos con nuestro coche eléctrico, conectado, a la plaza de aparcamiento de la oficina, el coche negociará con el enchufe y decidirá si le interesa comprar electricidad o venderla a la ciudad si no la vamos a necesitar antes de volver a casa y producimos en casa más barato que el precio al que se compra en el barrio industrial, y en ese mismo momento se producirá la microtransacción económica que corresponda que, aunque sea de unos pocos céntimos, se hará de manera automática, porque las transacciones económicas tendrán un coste de transacción marginal y despreciable. Al dejar el coche en casa por la noche, el coche nos preguntará si nos parece buena idea que se vaya el solo a las 4 de la mañana a pasar la ITV del futuro porque ha visto en nuestra agenda que no queremos hacer nada a esa hora y que es la mejor hora para gastar menos energía en ir a la ITV.

Industria 4.0

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En nuestra fábrica 4.0 todas las magnitudes, de cada pieza, de cada máquina, de cada consumible, estarán monitorizadas en tiempo real. Se guardarán todos los datos para ver las curvas de evolución de desgaste, para hacer un análisis predictivo de cuándo hay que hacer un cambio de aceite, cuándo hay que cambiar una pieza, cuándo hay que parar un máquina para mejorar el consumo eléctrico, aumentar la producción, reducir los escasos stocks necesarios de consumibles (porque tendremos la capacidad de predecir su consumo) o los escasos stocks de productos generados (porque fabricaremos bajo demanda en tiempo real e incluso prediciendo la demanda).

Salud

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En nuestra salud, la revolución ya la vamos intuyendo… las cosas a “iotizar” son sensores y actuadores cada vez más diminutos capaces de monitorizar y compensar todo tipo de constantes vitales, concentración de sustancias en sangre o en el sudor, o en el estómago o de predecir cuándo se desequilibran los sistemas de nuestro cuerpo. Recordemos que la salud no consiste en otra cosa sino en el mantener el equilibrio de muchas variables en sus rangos adecuados, en los que la vida se desarrolla y en los que nuestros órganos están diseñados para autocompensarse; y que las máquinas y sistemas autónomos perseguirán contínuamente el restablecimiento de los equilibrios de todas esas variables ante variaciones producidas por enfermedades o accidentes. De esta forma, al igual que hoy el piloto automático de un avión compensa un sistema de guiado dinámico midiendo y controlando multitud de variables mientras va acercando el avión a la pista de aterrizaje, tendremos sistemas de monitorización vital que, en piloto automático, persigan restablecer los equilibrios para, de esa forma, proteger, alargar y mejorar nuestra vida.

No quiero extenderme con ejemplos en todos los sectores, de la gran industria, de las infraestructuras de producción y distribución de energía, de la agricultura, la logística, el comercio de distribución… No se trata de ser exhaustivos en imaginar todo lo que va a cambiar en cada sector porque simplemente el IoT lo va a cambiar absolutamente todo en una o dos décadas.

Tampoco quiero incluir aquí todas esas fotos e infografías futuristas e impactantes sobre de las cosas conectadas en la fábrica o en el hogar, porque simplemente cualquier ejemplo nos limita nuestra imaginación para pensar y redefinir lo que nos espera.

Al que le parezca que todas estas cosas nunca llegan, sólo tiene que mirar hacia atrás: sin duda nos fiaremos completamente de un coche que se conduzca solo al igual que hoy no entendemos que para subir al décimo piso tengamos que necesitar un ascensorista de uniforme para manejar el ascensor, nos dejaremos operar por una máquina programada para nuestra apendicitis, igual que hoy preferimos que las dioptrías del ojo las corrija automáticamente un láser y no un cirujano con muy buen pulso.

Estamos al principio de una gran revolución, de los objetos fabricados de manera personalizada, en el momento y lugar que sean necesarios, de objetos inteligentes que cuenten con toda la información del entorno necesaria para autorepararse, para adaptarse aprendiendo y mejorando de manera automática en función del uso que les demos.

Todos los objetos físicos podrán estar conectados con el resto de objetos del mundo y con centros de procesamiento inteligente que tendrán acceso a toda la información necesaria y de esta forma todos los objetos podrán ser extendidos con una identidad digital que los complemente y mejore. 

La conexión a Internet, a esa gran red donde encontrar toda la información y toda la capacidad de proceso que sea necesaria, hará que cualquier pequeño objeto, ya sea un sensor de humedad, una cerradura o un candado de bicicleta, una mochila, una señal de tráfico, un oso de peluche, un llavero, un bolígrafo… empiecen a parecer cada vez más inteligentes gracias a la versión digital que acompañará a todo objeto.

Utilizaremos la voz, o nuestro móvil, para preguntar a una mesa sobre sus características, sobre su fabricante, sobre su coste y el objeto (vía aplicación móvil o como sea, nos responderá con atributos, características…). En una tienda de muebles, le preguntaremos a un sofá (ya veremos si le preguntamos desde el móvil o desde las lentillas que sobreimpresionen información sobre lo que vemos) que si nos cabe en el rincón de nuestro salón o a un coche que nos guste y que esté aparcado en la calle que cuánto nos costaría su compra y mantenimiento anual para nuestro estilo de vida y conducción. Podremos comprar cualquier objeto que veamos, la ropa que llevan puesta los demás, un cuadro que nos guste de la recepción de un hotel, cualquier imagen de una revista o anuncio de televisión…gracias al reconocimiento de imagen y la conexión con el comercio electrónico del futuro. Nuestros hijos verán muy poco útiles esos objetos físicos que no tengan esa conexión o identidad digital que los complemente: será parecido a la sensación que hoy tienen nuestros pequeños cuando cogen una revista e intentan hacer zoom sobre una foto utilizando los dos dedos como hacen con cualquier imagen que ven en una tableta.

Hoy ya la impresora de casa se compra por internet sus propios cartuchos de tinta cuando se empieza a agotar si así lo hemos autorizado previamente. Pronto tendremos que revisar el presupuesto que damos a cada objeto para su automantenimiento pero también los objetos tomarán decisiones según el contexto para hacernos ahorrar o incluso hacernos ganar dinero (por ejemplo, si la regulación finalmente nos deja producir electricidad a partir del sol que cae en nuestro tejado, nos permite transportarla en la batería de nuestro coche, y venderla a la ciudad aprovechando el estacionamiento del coche mientras damos un paseo de compras por el centro).

Sólo espero que toda esa liberación de tareas y ese tiempo libre que tengamos gracias a los miles de objetos que nos rodeen dispuestos a ayudarnos o hacernos la vida más fácil nos deje algunos placeres sencillos e insustituibles que no requieran ser automatizados: espero que no mandemos un par de drones para que salgan de paseo con nuestros hijos y con nuestro perro con la misión de cuidar de la seguridad de los primeros y de lanzar el palo o recoger las cositas del segundo (alguien estará ya también pensando en esta aplicación del Internet de las cosas… marrones).

Es previsible también que aparezcan aplicaciones absurdas y noveleras para algunos pero que parezcan vitales y transformadoras para otros (como ese pañal que cuando siente la humedad envía un ‘wasap’ al padre o la madre, que supongo que podrá saltar del sofá de un brinco para cambiar el pañal al niño antes incluso de que el niño se encuentre incómodo y empiece a llorar, sin duda una disrupción para el hogar).

Lo que está claro es que todo está por hacer, por reinventar; que estamos ante una nueva era en la que podemos hacernos la vida más cómoda, más eficiente y económica, más saludable, más respetuosa con todos los demás y con el medio ambiente.

El momento que vivimos es especialmente emocionante porque dependemos cada vez menos de la disponibilidad de la tecnología necesaria, que ya está aquí, y más de la imaginación y del conocimiento profundo del ser humano que nos permita entender las necesidades que realmente queremos satisfacer.

My personal journey from IT to BIO from an investor point of view

Transcribo, más o menos, lo que fue mi ponencia en BioSpain2014 (Congreso internacional celebrado en Santiago de Compostela del 24 al 26 de Septiembre) donde fui invitado por Asebio para participar en una mesa redonda sobre “Financing Convergent Technologies”.

BioSpain 2014. September 26, 2014. 

My IT Career

23 years ago, I finished my studies in Telecommunication Engineers School at Polytechnic University of Madrid. In Spain this degree covers a mix of computer sciences, electronic and theory of information applied to communication problems.

Despite of studying two communication specialties; I’ve worked most of my career in software development. I became an entrepreneur and an employer, I studied an MBA… and right now, I own and run MediaNet Software, a company with more than 200 software engineers across three countries developing software for very large customers in the banking, telecommunication, energy, insurance, internet industry… MediaNet Software, will be soon a 20-year-old organization, and also the heart and beginning of some other spin-offs that sum up to other 100 specialized professionals in the IT field.

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Internet Investor

For the last 10 years, I founded, promoted and supported some other initiatives with a variety of Internet business models such as:Mercadeuda, matching offers and demand of commercial debt between companies; Ready4ventures, a platform to facilitate connections between investors and entrepreneurs; Centralia, a common market place for procurement and admin services for neighborhoods’ communities; Belbex, a B2B Real State networking platform.

Another company I cofounded was BuyVIP, an ecommerce platform with a particular business model, that today is known as “private sales”. This company grew in 5 years (2006 to 2010) from 0 to 100 M€ of revenue per year, operating in 7 countries and with more than 5 millions registered users and buyers. In November 2010, we sold BuyVIP to the world’s ecommerce leader Amazon.com

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Back to the University 20 years after

4 years ago, with a very solid background and experience as engineer, employer, entrepreneur and  investor, I decided to become a student again. I got back to academic mode to try finding new fields of knowledge to develop by joining a 2-year Master degree in Biomedical Engineering at my first University.

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The Master was a mix of several disciplines. Some of then like Molecular Biology, Anatomy, or Physiopathology… were very strange to me as well as fascinating. Others like Medical Informatics, or Artificial Intelligence seemed more familiar to me.

Some of the subjects were held at Biology School, other (like biomechanics) at Industrial Schools, other like “new materials” at Civil Engineering School (known as Caminos, Canales y Puertos in Spain), other at Computer Science School….

Other subjects, such as Medical Imaging, Electromagnetic Fields effects, Biofotonic, Assistive Technologies, Biomechanics… were hold at the Telecommunication School where I studied 20 years before. In fact, some of the teachers were the same professors I had two decades before.

What is even more amazing is that, the same professors, still use almost the same mathematics, before focused on a problem of multiplexing information for communication through a wire, now focusing on a new algorithm design for a Computed Tomography or Magnetic Resonance Medical Imaging Acquisition.

The same machine learning patterns that before were used to control or guide a vehicle across a road, now are used to try to build an artificial pancreas to control the right level of insulin or glucose.

The same software of simulation that before we used to calculate the load or throughput of a electronic system, is now use to simulate virtual cells fighting with a virtual bacteria infection…

Practically the same technology used in the 80s and 90s for semiconductor design, is now the base for biosensors, and the technology designed for ink-printers 30 years before were the starting point for the design of CGH (comparative genomic hibridation) arrays for DNA studies.

The massive sequencing of genes is not possible without new informatics and big data approaches and, in fact, are similar to map-reduce philosophy used some years ago for crawling the web with algorithms like Google Search Engine.

Why we can address now bigger goals with the same technology?

Compare the titles of my Final Project in Telecommunication Studies in 1992: “Using of Neural Networks for guiding robots” with the new Final Master Thesis in 2013: “Using complex network theory for analyzing MEG (magnetoencephalography) signals of hyper sensible patients to the Electromagnetics fields”

The Moore Law we saw in IT for many years, has enabled to use computer science first, for simple problems such as accounting, banking systems, to more complex problem for example with scalability challenged introduced with Internet, and now we are daring with Health and Medical disciplines: from helping us at micro simulation of physics of atoms designing new molecules before testing them with real molecules and chemical reactions, or to understand macro models of how spreads a particular epidemic or how to extract useful information and knowledge for all the medical patient records in, not only in a Hospital Information System, but also in a whole Public Healthy System or even in massive worldwide clinic studies.

And that Moore Law in IT is nothing compared with the speed we saw the last 10 years of the DNA sequencing race (for example) where we can find out a quadratic exponential law.

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BioEngineers are mixing the electronic with the chemistry and so they are combining both improvements adding the power of Moore Law with other biological exponential laws that finally yield in a double exponential progress.

Is now the right moment for VCs to invest in these new raising bio-ventures?

Nowadays, at the pure Internet sector, where I come from, there is a lot of money in Spain for investing in new projects (about 1 billion euros of Family Offices, VC, and different kinds of Business Angels).

Although there are many Internet ideas of business plans fed by the apparent low entry barriers of internet technologies, by the interest of promoting self employment and also, because the entrepreneur fever encouraged in business schools, etc…  However, there are only a few interesting business project to investi on: not from the viability of the business but from the investor and probability of the return of investment point of view.

In my humble opinion, during these last two years, I’ve been actively seeking more projects in some specific BIO subsectors, where I believe there is a better opportunity for investing.

So, I founded and funded HealthyTech, as a private fund to invest on some earlystage projects related with biomedical tecnologies, bioTIC, bioinformatics, and so. During last 2 years, I’ve invested on 2 projects for a total capital near to half a million euro.

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One of then is MedimSight, offers the power of cloud computing for processing medical imaging diagnoses. I think in next 10 years, having a MRI or CT equipment without the cloud processing offered by a service company like MedimSight, would be equals to having today a computer without an internet connection.

The second one is NIMGenetics, a well consolidated spanish company that’s leading the medical diagnosis with genetic tests. The company has recently closed an increase of capital round of more than 1 million euros in order to address properly its plans for international business development.

Different criteria for evaluating Internet and Bio investment opportunities

Coming from Internet ventures, you have to adapt the metrics and priorities of some parameters for the evaluation of investments.

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For example:

– The timing is different: internet times are faster…in a internet ecommerce project you know if the business model run or not in one only or two years. The same for obtaining the comercial ratios of capturing new customers…

– The entry barriers. Here, you need a knowhow and a team that you have to build up with several years. Meanwhile, at internet ventures, the entry barriers are very low. Practically, everyone come build a business model, powerpoint style, in a long weekend or as a practice exercise finishing your favourite MBA.

– The competitors. Because the low entry requirement for new competitors in the internet, you can discover 3 new competitors with your successful idea and business next week. However, as much as you need to start a business model an this sector, as much as you can take advantage of your specific knowhow compare with the abilities for your new competitor that probably you have been following for some months or years across the scientific congress  or publications of the research group behind the new initiative.

– The IP (Intellectual Property) or Patents are now valuable of have a reduced value at the Internet models where the key factor, the more important driver is critical mass and ability to speedy execute the deployment of strategies for capturing the more market share as possible.

Mixing all this different variables, I believe that the good news for this sectors venture investments is that, if your have a differential knowhow, a team focused on business, a mix of Scientifics and managers that speak the language of money… your investment can reach good multipliers (such as internet biggest projects) but, more important, the probability of multiply your investment by 0 (Zero) is quite small here than in the next fashion social network you can imagine. So, the total return, averaged by all your portfolio, I guess that could be better at Biotech than at the Internet Startups

BioEconomy BigOpportunities?

Studying the last centuries and last years of economic revolutions, we see the best opportunities during periods when, a new technology offers an exponential growth during some decades.

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I believe that, investing in BioTecnology, BioInformatics, BioPharma, BioMedicine, BioEconomy or BioEverything for the coming decades, is like investing in microelectronics in 60s,  in microcomputers in 80s or Internet at the beginning of this century.

I hope so! ;-)

PD: Thanks to my editors :-), @enriquegoizueta and @eliavallejo, for their help preparing this post.

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La Web que hemos perdido

Por el interesante valor de la reflexión, aunque en el fondo fútil, reproduzco este post de Anil Dash, titulado The Web We Lost.

“The tech industry and its press have treated the rise of billion-scale social networks and ubiquitous smartphone apps as an unadulterated win for regular people, a triumph of usability and empowerment. They seldom talk about what we’ve lost along the way in this transition, and I find that younger folks may not even know how the web used to be.

So here’s a few glimpses of a web that’s mostly faded away:

  • Five years ago, most social photos were uploaded to Flickr, where they could be tagged by humans or even by apps and services, using machine tags. Images were easily discoverable on the public web using simple RSS feeds. And the photos people uploaded could easily be licensed under permissive licenses like those provided by Creative Commons, allowing remixing and reuse in all manner of creative ways by artists, businesses, and individuals.
  • A decade ago, Technorati let you search most of the social web in real-time (though the search tended to be awful slow in presenting results), with tags that worked as hashtags do on Twitter today. You could find the sites that had linked to your content with a simple search, and find out who was talking about a topic regardless of what tools or platforms they were using to publish their thoughts. At the time, this was so exciting that when Technorati failed to keep up with the growth of the blogosphere, people were so disappointed that even the usually-circumspect Jason Kottke flamed the site for letting him down. At the first blush of its early success, though, Technorati elicited effusive praise from the likes of John Gruber:

 [Y]ou could, in theory, write software to examine the source code of a few hundred thousand weblogs, and create a database of the links between these weblogs. If your software was clever enough, it could refresh its information every few hours, adding new links to the database nearly in real time. This is, in fact, exactly what Dave Sifry has created with his amazing Technorati. At this writing, Technorati is watching over 375,000 weblogs, and has tracked over 38 million links. If you haven’t played with Technorati, you’re missing out.

  • Ten years ago, you could allow people to post links on your site, or to show a list of links which were driving inbound traffic to your site. Because Google hadn’t yet broadly introduced AdWords and AdSense, links weren’t about generating revenue, they were just a tool for expression or editorializing. The web was an interesting and different place before links got monetized, but by 2007 it was clear that Google had changed the web forever, and for the worse, by corrupting links.
  • In 2003, if you introduced a single-sign-in service that was run by a company, even if you documented the protocol and encouraged others to clone the service, you’d be described as introducing a tracking system worthy of the PATRIOT act. There was such distrust of consistent authentication services that even Microsoft had to give up on their attempts to create such a sign-in. Though their user experience was not as simple as today’s ubiquitous ability to sign in with Facebook or Twitter, the TypeKey service introduced then had much more restrictive terms of service about sharing data. And almost every system which provided identity to users allowed for pseudonyms, respecting the need that people have to not always use their legal names.
  • In the early part of this century, if you made a service that let users create or share content, the expectation was that they could easily download a full-fidelity copy of their data, or import that data into other competitive services, with no restrictions. Vendors spent years working on interoperability around data exchange purely for the benefit of their users, despite theoretically lowering the barrier to entry for competitors.
  • In the early days of the social web, there was a broad expectation that regular people might own their own identities by having their own websites, instead of being dependent on a few big sites to host their online identity. In this vision, you would own your own domain name and have complete control over its contents, rather than having a handle tacked on to the end of a huge company’s site. This was a sensible reaction to the realization that big sites rise and fall in popularity, but that regular people need an identity that persists longer than those sites do.
  • Five years ago, if you wanted to show content from one site or app on your own site or app, you could use a simple, documented format to do so, without requiring a business-development deal or contractual agreement between the sites. Thus, user experiences weren’t subject to the vagaries of the political battles between different companies, but instead were consistently based on the extensible architecture of the web itself.
  • A dozen years ago, when people wanted to support publishing tools that epitomized all of these traits, they’d crowd-fund the costs of the servers and technology needed to support them, even though things cost a lot more in that era before cloud computing and cheap bandwidth. Their peers in the technology world, though ostensibly competitors, would even contribute to those efforts.

This isn’t our web today. We’ve lost key features that we used to rely on, and worse, we’ve abandoned core values that used to be fundamental to the web world. To the credit of today’s social networks, they’ve brought in hundreds of millions of new participants to these networks, and they’ve certainly made a small number of people rich.

But they haven’t shown the web itself the respect and care it deserves, as a medium which has enabled them to succeed. And they’ve now narrowed the possibilites of the web for an entire generation of users who don’t realize how much more innovative and meaningful their experience could be.

BACK TO THE FUTURE

When you see interesting data mash-ups today, they are often still using Flickr photos because Instagram’s meager metadata sucks, and the app is only reluctantly on the web at all. We get excuses about why we can’t search for old tweets or our own relevant Facebook content, though we got more comprehensive results from a Technorati search that was cobbled together on the feeble software platforms of its era. We get bullshit turf battles like Tumblr not being able to find your Twitter friends or Facebook not letting Instagram photos show up on Twitter because of giant companies pursuing their agendas instead of collaborating in a way that would serve users. And we get a generation of entrepreneurs encouraged to make more narrow-minded, web-hostile products like these because it continues to make a small number of wealthy people even more wealthy, instead of letting lots of people build innovative new opportunities for themselves on top of the web itself.

We’ll fix these things; I don’t worry about that. The technology industry, like all industries, follows cycles, and the pendulum is swinging back to the broad, empowering philosophies that underpinned the early social web. But we’re going to face a big challenge with re-educating a billion people about what the web means, akin to the years we spent as everyone moved off of AOLa decade ago, teaching them that there was so much more to the experience of the Internet than what they know.

This isn’t some standard polemic about “those stupid walled-garden networks are bad!” I know that Facebook and Twitter and Pinterest and LinkedIn and the rest are great sites, and they give their users a lot of value. They’re amazing achievements, from a pure software perspective. But they’re based on a few assumptions that aren’t necessarily correct. The primary fallacy that underpins many of their mistakes is that user flexibility and control necessarily lead to a user experience complexity that hurts growth. And the second, more grave fallacy, is the thinking that exerting extreme control over users is the best way to maximize the profitability and sustainability of their networks.

The first step to disabusing them of this notion is for the people creating the next generation of social applications to learn a little bit of history, to know your shit, whether that’s about Twitter’s business model or Google’s social features or anything else. We have to know what’s been tried and failed, what good ideas were simply ahead of their time, and what opportunities have been lost in the current generation of dominant social networks.

So what did I miss? What else have we lost on the social web?

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Visto en el #CASEIB12. Nuevas Tecnología

Visto en el #CASEIB12.

Nuevas Tecnologías en la Ingeniería Biomédica: TEMAT: Tissue Engineering Interfaces and Material Sciences; CELLT: Cell Therapies for Repair and Replacement; REMOD: Regulatory Moleculs and Delivery Ssytems; IMONIT: Imaging, Modelling and Monitoring of Regeneration.
Dejemos de llamar Nuevas Tecnologías simplemente al “uso” de ordenadores, Internet o del móvil

Estoy leyendo “The Singularity is near”

Según mi Kindle (virtual) voy por el 18% del libro

De momento deciros que en la forma, el libro se hace bastante repetitivo y regularmente estructurado pero que, en el fondo, en el contenido, es muy muy “acojonante” (por doble motivo: por lo impresionante de algunos números y predicciones y por el miedo que se te mete en el cuerpo)
(A ver si funciona mi servicio posterous.com enganchado con el resto de sitios y a ver si así pudiendo escribir simplemente un mail desde cualquier sitio me aficiono más a mini-postear)

Innovador optimismo

Me he pasado todo el día escuchando presentaciones de proyectos de innovación, en el marco del http://www.hitbarcelona.com

Abré escuchado con atención unos 24 de los 28 proyectos (no tengo a mano ahora el programa y no lo digo con exactitud).

Son los mejores 25 proyectos de un concurso mundial de emprendedores realmente selecto + 3 proyectos finalistas por haber ganado concursos anteriores (acc10 y emprendedorXXI).

Lo que más me ha agradado es que la innovación estaba principalmente concentrada en temas de medicina, sostenibilidad, países en desarrollo, y sólo alguno de internet puro y duro.  Afortunadamente hoy no había ninguna red social vertical (bueno había unos del MIT con una aplicación para facebook que seguro que tiene futuro y que utilizaré como usuario, pero no nos desviemos)

Al margen de que estas sean las empresas que en unos años conquisten el mundo en sus respectivos frentes, lo importante es que si no son estas serán sus competencias y eso querrá decir que estamos luchando contra la tuberculosis, contra el cancer, contra el hambre y no sólo haciéndonos más sofisticados socialmente con el meta del metainternet y especulando por qué será el 3.0 ahora que nos aburre hablar ya de 2.0 por todos lados.

Ya elaboraré con algo más de calma algunas referencias para daros ejemplos pero hoy me quedo con la anécdota de que, de los 2 millones de virtual-euros que teníamos cada uno del público, para votar a las empresas y proyectos que más nos habían gustado, yo lo he repartido entre una empresa mejicana que permite diagnosticar el cáncer de colon con mayor precocidad, precisión y ahorro que los métodos actuales; otra empresa (también cancerígena) de UK que tiene sistemas de algoritmos genéticos para facilitar los tratamientos a medida para cada paciente; una empresa americana que tiene dispositivos de detección casi instantánea de tuberculosis in situ; y por último, una española que el tío me ha caído bien y que puede convertirse en el google musical además de que espero que ayude a que los derechos de autor se repartan como mínimo con objetividad.

Mañana seguiré en el Hit que realmente me está pareciendo interesante. Es una pena que me perdiera el primer día (miércoles) ya que he visto algunas crónicas/blogs y creo que hubo alguna ponencia realmente buena. De hecho os tengo que buscar el link porque en una de ellas daban muchos ejemplos de cómo se estira y estira la life-expenctancy (siguiendo con alguna entrada de hace un par de días).

Actualizacion viernes 19: Aquí os dejo los proyectos presentados en el track de emprendedores:  Lista de los proyectos presentados en el HIT Barcelona 2009

Finalmente los premios han sido:

– Premio mejor presentación: eccopixel

– Premio mejor proyecto con impacto social: Broccoli Project

– Tercer premio: Polyskin

– Segundo premio: Broccoli Project

– Primer premio: bmat (estaba nominado para la final por haber sido también anteriormente ganador del primer premio EmprendedorXXI otorgado por La Caixa)

Las ponencias de hoy muy interesante. Especialmente me ha gustado el prof. Kennet Morse. Supongo que googleando o youtubeando un poco habrá alguna presentación parecida a la que ha dado hoy (me habían contado alguna anécdota de su presentación de hoy). Realmente una persona que transmite una gran capacidad y conocimiento pero que especialmente la adereza con aparente sencillez, cercanía y muy buen humor.

Un saludo.

Esperanzadora esperanza de vida

Me repetiré sobre un tema que me apasiona y obsesiona y que seguramente he compartido ya anteriormente con vosotros.

Durante el siglo XX  en los países de economías más desarrolladas se duplicó la esperanza de vida pasando de una cifra media de 40 a principios de siglo (año 1900 para centrarnos) a los casi 80 años del año 2000. Siempre tener en cuenta que las mujeres tienen una media de unos años más que los hombres. La clave de este avance estuvo en las vacunas y los antibióticos.

Según muchos científicos, se espera que durante este siglo XXI volvamos casi a duplicar la esperanza de vida…Es decir que la media de los que se mueran en el 2100 será de unos 140 o 150 años. Media quiere decir que habrá gente que se muera a los 110 y otros a los 170 años. Ya en el verano de 2007 se comentó en varios medios, que se estimaba que los niños nacidos en ese momento ya tenían una esperanza de vida superior a los 100 años. En este caso la clave médica de este nuevo progreso se espera de los avances en genética y la lucha contra la nueva frontera de enfermedades (no ya las bacterías, ni los virus sino las enfermedades proteínicas), y los artilugios para reemplazar órganos o funciones mediante accesiorios artificiales a nuestro cuerpo.

Bueno, supongo que podríamos discutir sobre si las previsiones son acertadas o  no…pero… qué más da que estas estimaciones estén erradas 20 años arriba o 20 años abajo…quizá sólo es cuestión de tiempo.

Lo que realmente me gusta imaginar es que hace tiempo que sabemos que jubilarse a los 60 ya no es que te queden 5 años de vida (no digamos si te prejubilan a los 50). También hace tiempo que sabemos que ya no estudias hasta los 20 años para trabajar toda la vida en la misma empresa, ni en el mismo empleo, ni en el mismo sector.

Vamos tímidamente asumiendo entre las clases con formación superior que después de trabajar unos años, viene bien hacer algún master, postgrado y reenfocar la carrera profesional.

Pero lo que yo realmente me planteo es que tenemos que plantearnos un modelo diferente por completo que vaya alternando formación 1/profesión 1/formación 2/ profesión 2/ formación 3/profesión 3…

Creo que uno puede ser un buen programador software (digamos de Ruby n Rails) a los 16 años, puede ser un buen empresario (por ejemplo a los 30 años), quizá un buen economista a los 40, quizá un buen médico a los 70 , y quizá un buen filósofo a los 100 años. (pensando en que duremos 140 años).

¿Os parece descabellado pensar en empezar a estudiar medicina a los 60? Pues supongo que igual de extraño que les parecería a nuestros tatarabuelos de 1900 pensar en que hoy habría gente por las calles haciendo footing a los 70.

Ya, de lo que no me atrevo a opinar es de a qué edad se podría llegar a ser un buen político…Creo que a cualquier edad en la que uno sea capaz de tener pensar en las decisiones con una perspectiva de un par de décadas y no de legislaturas o microlegislaturas como ahora ocurre. Perdonad que me haya ido de tema con este último punto pero ¡qué cansado me tienen todos últimamente de sus discusiones de nimiedades!