Manifiesto de nuestro sngularHub

Este es nuestro Manifiesto para nuestro espacio en Madrid, el SngularHub (ó simplemente s|Hub)… y que es lo primero que te encuentras de frente al entrar en el mismo…

2017-11-30 11.12.58

“Hemos creado un espacio para aprender y trabajar, un lugar donde compartir experiencias en equipo, donde las ideas fluyen y se contagian, conviven con la tecnología y nos sirven para innovar, utilizando las herramientas que nos ayudan a construir el futuro. Este es un centro de investigación y desarrollo para todos: amigos, clientes y colaboradores dispuestos a crear junto a nosotros un hogar basado en el talento. Apostamos por las ideas y por las personas excelentes que quieran formar parte de esta cultura y que nos hagan más competitivos, más felices y mejores personas. Gracias por acompañarnos.”

Entrevista en La2 de TVE. Hablando de Sngular, de nuestra filosofía y visión.

Os copio el enlace del vídeo de la entrevista que se publicó el 11/noviembre/2017 en el programa “La Fábrica de ideas” de La2 de TVE. Como a la mayoría, a mí, no me gusta nunca verme ni escucharme, pero dice la gente que en la entrevista de 6 minutos ha quedado bien explicada y resumida mi visión y filosofía de empresa. Aquí os dejo el vídeo.

NoSabemosQuéSeremosPero

http://www.rtve.es/alacarta/videos/fabrica-de-ideas/fdi-imita/4302546/

 

Mi colaboración en Libro “La Burbuja Emprendedora” de Javier García y Enrique González

Siempre es un placer colaborar con Javier García porque siempre aprendo de su experiencia y de su sensatez cuando le leo o le escucho hablar sobre cualquier tema. Y cuando habla de emprendimiento, de valoraciones de empresas, … siempre suelo compartir sus mismos criterios, alejados de las tendencias de moda que en los últimos años han hecho tanto daño animando de manera insensata a emprender como sea, a todo el mundo, con una visión poco realista de las dificultades del camino, de las meras estadísticas de fracaso de todas las nuevas empresas.

Javier García y su socio Enrique González han escrito precisamente acerca de este tema un libro llamado “La burbuja emprendedora” que ya ha salido a la venta

PortadaLibroLaBurbujaEmprendedora

Javier me entrevistó como parte de un conjunto de entrevistas a empresarios e inversores que recopiló en el último capítulo del libro llamado “Manual de supervivencia para una burbuja emprendedora” e incluso me hicieron una caricatura :-)

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Enhorabuena Javier, por la iniciativa de la temática del libro y por el resultado, impecable, del mismo…

Ha sido un placer colaborar.

A continuación os comparto mi entrevista:

1.- José Luis, ¿ qué te llevó a montar tu propia empresa?

Me gustaba mi trabajo como consultor informático pero quería hacer cosas diferentes y sobre todo hacerlas con un estilo propio, formando mi propio equipo de colaboradores. Quería formar un equipo de gente lista y buena profesionalmente y que fuera también buena gente.

2.- Cuando poco a poco habéis ido creciendo, ¿qué estrategia de personas seguiste? ¿Cómo se van colocando (en qué puestos y con qué incentivos) a las personas en el lugar adecuado?

Ahora somos 400 personas distribuidos en varios países y ciudades, con perfiles profesionales muy diversos y complementarios pero con una forma de hacer, una cultura propia muy fuerte y que yo valoro com muy positiva o, al menos, de un estilo, con el que yo me siento totalmente identificado. Recientemente hemos sintetizado nuestra estrategia empresarial (que lidera nuestro CHO o Chief Hapiness Officer) en tres pilares: haz feliz al empleado, al cliente y al accionista por ese orden. Hacer feliz al empleado no es comprarle un futbolín o un tobogán mejor que en la startup de enfrente, y seguro que no mejor que el que le ponga Google; es entender a cada trabajador de manera integral, potenciando su recorrido profesional y teniendo en cuenta su faceta personal, sus planes de futuro. Esto atrae a gente buena que se compromete con los proyectos, y esa es la única forma de sacar adelante, de manera exitosa, proyectos que supongan un reto (por dificultad técnica, por exigencia de los plazos o dificultad en momentos de indefinición y cambio). El éxito de estos proyectos retadores hace feliz a nuestros clientes, que nos confían cosas cada vez más relevantes, nos hacen crecer y explorar nuevos territorios. Finalmente esto redunda en nuestra cuenta de resultados que hace feliz a nuestros accionistas. Y, algo relevante, todos los accionistas somos trabajadores de la empresa que estamos en el día a día al pie del cañón. Creo que es una estrategia sana, sostenible, que no deja huecos para la visión cortoplacista de algunos ejecutivos que buscan su bonus por encima del cuidado de la satisfacción de sus clientes y de sus equipos de colaboradores.

3.- ¿Qué aprendiste al convertirte empresario y que no se te pasó por la cabeza antes de involucrarte en el mundo de la empresa? 

En mi experiencia concreta, todas mis empresas y actividades se basan en el capital humano, en conseguir que gente distinta trabaje bien junta y que una idea se haga realidad con la colaboración de muchos. La clave de esto es la materia prima (elegir bien a la gente) y la comunicación para saber inspirar, motivar, colaborar, consensuar, debatir, convencer, resolver, comprometer, responder, razonar y aprender… en equipo. Yo era bueno en muchas de estas coas a título individual, pero cuando lideras una empresa, hay que reaprender todos estos verbos para saberlos conjugar … en equipo.

4.- Encuentro a emprendedores de varios tipos pero hay dos que me llaman mucho la atención: unos, que venden lo que no tienen (vendes y luego ya verás cómo lo resuelves) y otros que no salen a vender hasta que no tienen el producto hiper-perfecto lo que parece que nunca se llega. ¿Cómo se combina ese equilibrio para no morir en ambos extremos?

Yo vendo lo que puedo asegurar que voy a tener pero aún no tengo. En mi sector, si vendiera lo que ya tengo es que estaría vendiendo algo anticuado, y si no hubiera aprendido a estimar bien lo que puedo llegar a construir con una tecnología, con un presupuesto o con un plazo cerrado, con un nivel suficiente de garantía o confianza… ya habría muerto por el camino en estos últimos 20 años de promesas y proyectos desarrollados.

5.- ¿Qué lecciones te ha dado la vida empresarial en el campo de elegir socios con los que navegar? ¿Qué suele fallar?

Busco socios que me complementen, que me enseñen de un sector, de un modelo de negocio, … y con los que sienta que comparto una forma de hacer, unos valores, una visión. Una vez me asocio con alguien en un proyecto o empresa, sigo invirtiendo tiempo en contrastar periódicamente las visiones y, cuando no están alineadas , busco soluciones y salidas amistosas que supongan un refuerzo de la relación personal aún cuando se cierre un capítulo en la relación profesional.

He tenido socios con los que he repetido en varios negocios, incluso cuando algunos de ellos han ido mal. Me ocurre algo parecido a cuando algunos de mis empleados o colaboradores deja mi empresa para probar algo distinto (emprender, cambiar de país, conocer cómo se trabaja en una empresa más grande, o más pequeña…) procuro mantener una buena relación que en muchas ocasiones termina materializándose con que estos colaboradores vuelven a mi empresa, o me hago socio de su nueva startup, o se convierten en clientes míos, o en algunos casos de personas “reincidentes”, todo lo anterior a la vez.

Vamos a un mundo de relación entre personas y no entre empresas y cada vez es más difusa la separación entre un socio en el capital de tu empresa,  y considerar socio a un profesional que, pudiendo elegir proyecto en cualquier empresa, decide desarrollar su proyecto profesional dentro de tu empresa durante un tiempo.

En ambos casos, se trata de relaciones entre personas y, al igual que en la relaciones de amistad o de pareja, pasan por distintas etapas con diferentes capacidades, necesidades y deseos.

6.- ¿Bajo qué condiciones recomendarías a una empresa buscar un inversor financiero?

Alguien me dijo una vez que un banco, o un inversor financiero, “es alguien que te presta un paraguas cuando hace sol y te lo quita cuando llueve”. Así que mi recomendación es que busques a un inversor financiero, temporal, cuando creas que tienes un modelo de negocio que te llegue a ofrecer mayor rentabilidad que lo que te costará el dinero que te van a prestar, y siempre que tengas cierta confianza en que contarás con dicho socio financiero el tiempo suficiente para rentabilizar tu empresa antes de que “se ponga a llover”.

7.- Qué te hace rechazar un proyecto cuando te llega porque lo consideras un bluf?

Falta de trabajo previo. Poco rigor en el análisis de esfuerzos y riesgos. Sobrevaloración de la idea sobre la capacidad de ejecución. Inmadurez del equipo.

8.- Parece que inversión es igual a TIC, pero hay un campo inmenso en campos como la salud, la biotecnología o la inteligencia artificial, ¿crees que algún día los inversores que ahora sólo meten dinero en TIC en España empezarán a evaluar esta tipología de proyectos?

Sí. Pero no es un tema que dependa de que sean sectores más difíciles sino de que tenemos que cambiar poco a poco de mentalidad y dejar de pensar que invertir en startup es comprar billetes de lotería para conseguir un pelotazo rápido. La baja barrera de entrada en proyectos TIC es sólo aparente. Precisamente porque hace falta menos tiempo, menos conocimientos y menos experiencia para poder hacer algo en TIC, hay mucha más gente haciéndolo y se convierte en una carrera de tiempos, de masa crítica, de bolsillos profundos para el marketing o simplemente de suerte. En otros sectores hace falta un mayor entrenamiento, conocimiento, experiencia, paciencia y también capacidad de inversión pero, probablemente, desde un punto de vista estadístico, se consigan mejores rentabilidades. Mis últimas inversiones se han ido aproximando a la convergencia que hay entre sectores BIO y Salud con las TIC.

9.- Cuéntanos los retos de Sngular, y dónde pones ahora mismo tus ilusiones cada mañana.

El mayor reto es seguir conservando el alma de empresa que hasta ahora nos hace diferentes y nos da ventajas en ciertos aspectos (capacidad de retener y fidelizar el talento, capacidad de adaptación rápida, ADN de innovación e intraemprendimiento). A medida que seguimos creciendo en tamaño y diversificando en competencias es para mí cada vez más una obsesión el poder conseguir que la empresa siga siendo innovadora, organizativamente ágil y culturalmente sana.

Lo que más me motiva es seguir de cerca los espectaculares avances tecnológicos que habilitan nuevas formas de hacer las cosas. Me gusta mezclar tecnologías que hasta ahora no se han aprovechado adecuadamente en muchos sectores.

En Sngular, una empresa cuyo corazón es el desarrollo de software avanzado, tenemos hoy equipos especializados también en diseño de hardware, explotación de servicios en la nube, diseño de productos digitales, experiencia de usuario, marketing digital y comercio electrónico, y en estos momentos estamos apostando muy fuerte en disciplinas como la ciencias de datos, inteligencia artificial, realidad aumentada e internet de las cosas. Es precisamente en la unión o intersección de estas disciplinas donde están apareciendo grandes oportunidades y nuevos productos, servicios o modelos de negocio.

Disfrutamos cuando preparamos una reunión con un cliente en la que hemos trabajado para proponerle algo distinto, algo más multidisciplinar de lo que probablemente espera, y que pensamos que supone un mejor enfoque para un problema o una nueva oportunidad en su negocio.

Prólogo del libro “Futurizable” sobre el trabajo del futuro

El amigo Javier Martín acaba de sacar a la venta el libro Futurizable con un completo e interesantísimo compendio de artículos sobre tecnologías y tendencias que marcarán nuestro futuro inmediato.

Libro_futurizable

El libro estará en breve disponible en papel y ya lo podemos conseguir en formato digital en Amazon en formato .mobi para dispositivos kindle o en Dropbox en formato PDF y epub para otros lectores de libros electrónicos. Los suscriptores de la newsletter Futurizable pueden descargarlo de forma gratuita.

Javier me pidió que realizara un prólogo para su libro y él mismo eligió uno de los temas de los que ya había hablado en mi blog. Os dejo, a continuación, el prólogo sobre el futuro del trabajo.

¿Habrá trabajo para todos?

Cada vez que hablamos de todas las tecnologías que provocan cambios con aceleración exponencial tenemos la sensación de estar en ese momento clave, ese famoso punto de inflexión (tipping point) en el que, de la noche a la mañana, nada será igual y no habrá sector o industria que no tenga que ser reinventado.

Es verdad que en las próximas décadas, gracias a la combinación de diferentes tecnologías cada vez más abundantes o baratas, vamos a tener que enfrentarnos a nuevos retos muy relevantes: estaremos cerca de la energía global accesible y gratuita, de la esperanza de vida casi ilimitada y de una superinteligencia capaz de racionalizar y optimizar complejos problemas globales que hoy no somos capaces de abordar.

Pero la sensación de vértigo no es algo nuevo. Muchos de nuestros antepasados tuvieron estas mismas sensaciones desde hace siglos. La sensación de aceleración continua es una constante en toda nuestra historia, la derivada de la función exponencial “e elevado a x” vuelve a ser “e elevado a x”. Dicho de otra manera, aplicando una escala local o una perspectiva histórica que relativice las cosas, muchos antepasados sentían estar, al igual que nosotros hoy, en ese momento clave a partir del cual nada sería igual.

Si pensamos en algunas de las revoluciones que hemos superado en nuestra historia, podríamos imaginarnos algunas de las preocupaciones de nuestros antepasados: “a este paso ya no vamos a tener que salir a cazar todos los días”, “¿no va a ser necesario ir a por agua?”, “cuánto tiempo libre, ¿para qué?”, “con la automatización de la agricultura no van a ser necesarios tantos agricultores ni ganaderos, ¿a qué nos vamos a dedicar?”, ¿máquinas fabricando objetos?, ¿qué va a ser de los trabajadores de la industria?”, “¿máquinas que controlan, conducen, gestionan o piensan casi como personas?, ¿qué vamos a hacer con los taxistas, los médicos o los dependientes?”.

Imaginemos un diálogo ficticio entre: (A), un tátara-tátara-…-tátara abuelo, nacido hace 200 años; y (B), uno de nuestros sobrinos milenials.

(A): Estoy muy preocupado porque no sé qué oficio va a heredar mi hijo. Trabajo en un taller donde se fabrican enseres de metal para la casa y cada vez hay más máquinas que empiezan a producir los objetos en menor tiempo y somos menos los obreros necesarios. Ahora las máquinas empiezan a tener elementos eléctricos que además permiten hacer las cosas de forma más automática todavía.

(B): Pues yo estoy preocupado por mi propio futuro. Trabajo como comunity manager en una empresa de la industria del sector turístico y ahora están empezando a incorporar unos bots que generan contenido automático en función de nuestras ofertas y que directamente contestan a los clientes que nos consultan dudas.

(A): ¿Qué es el sector turístico?, ¿de quién eres manager exactamente?, ¿qué es un bot?… Mejor empieza por el principio… ¿qué es lo que fabricáis en tu empresa? Bueno, como tu trabajo parece demasiado avanzado y puede que no lo entienda, cuéntame qué otros tipos de trabajos hay en tu época, igual me valen para coger ideas sobre qué debo empezar yo a prepararme. ¿Por ejemplo, de qué trabajan tus hermanos?

(B): Pues mi hermano menor ahora organiza campeonatos de eSport. Tuvo éxito como comentarista de partidas de fútbol en YouTube, luego fue manager de uno de los equipos de la liga en un operador móvil. Le va bastante bien, en la última edición tuvieron 350.000 seguidores del partido.

(A): Vaya. Suena impresionante. YouTube supongo que será una ciudad muy grande y lo de eSport supongo que será algún deporte. Otro día me cuentas lo del que opera de manera móvil. He oído hablar del juego del fútbol pero no sé qué es el deporte aparte de algunos juegos. Y lo que más me extraña es ¿cómo consigue tu hermano ganar dinero haciendo deporte? Tienes algún familiar que tenga algún otro trabajo que sea más fácil que yo pueda entender y aprender.

(B): Bueno, aunque para la mayoría de trabajos hay que tener preparación en cosas muy sofisticadas, hay algunos otros que yo creo que sí podrían ser más sencillos de entender. Mi primo era asesor de imagen de un político y ahora ha montado una empresa que organiza eventos y convenciones. También tiene un equipo de personal shoppers y ahora se ha asociado con unos arquitectos de interiores y están empezando a diseñar y personalizar espacios para ferias virtuales.

(A): Déjalo… no entiendo cómo pueden pagar por organizar esas cosas, o por ayudarte a hacer la compra… Creo que no me puedes ayudar mucho porque eres demasiado avanzado para mi tiempo… Si te parece, dejamos que siga hablando el narrador a ver si voy pillando algo.

Y así volvemos con nuestra gran preocupación: a qué nos vamos a dedicar dentro de 10 o 20 años, cuando un robot pueda ser nuestro camarero, o nuestro enfermero, o nuestro cocinero; o cuando un programa de software empiece a sustituir a nuestro médico de cabecera, a nuestro director financiero, a nuestro taxista, a nuestro teleoperador o a nuestro locutor de radio.

Si miramos hacia el pasado vemos que en los últimos dos siglos nos hemos inventado y desarrollado, de manera muy sofisticada, nuevas industrias que no satisfacen necesidades básicas como la fabricación de objetos o alimentos.

¿Cómo explicamos a uno de nuestros antepasados la gran importancia que tienen en nuestra economía mundial la industria del turismo, o la industria del cine, de la televisión, el internet, los móviles, la gastronomía, el deporte, la moda, o la industria de la música, el teatro, la danza, o el ecommerce, los influencers, los youtubers, los videojuegos, la industria de la publicidad…? Las llamamos industrias porque tienen un modelo de negocio económico, pero no por la capacidad de fabricación de objetos materiales. Por otro lado, los servicios inmateriales que venden están basados en otros bienes y servicios inmateriales igualmente, por lo que no existe ya ese límite de recursos para comerciar.

Imaginemos cómo explicarle a nuestro antepasado (A) acerca de la cantidad de gente, tiempo y trabajo necesarios para realizar una película actual, o sobre el ingente número de colaboradores y tiempo invertido en documentar los cientos de webs que recogen todos los detalles de las sagas de ficción “StarTrek”, “Harry Potter” o “Los Simpsons”.

Os propongo que intentemos responder a las preguntas que podría plantearnos nuestro antepasado y comprobaremos que estaremos respondiendo a las mismas preguntas que hoy nos planteamos nosotros acerca de nuestro futuro.

“¿Dónde vamos a encontrar o crear esos nuevos espacios de bienes para la nueva economía?”

Al igual que internet ha sido un nuevo espacio (creado sin límites geográficos, con sus propias normas, idioma, monedas y modelos de negocio) sobre el que se han construido un montón de nuevas industrias y empresas, imaginemos las posibilidades que nos darán los distintos mundos virtuales cada vez menos distinguibles del mundo real. Centrémonos sólo en la nueva industria del ocio virtual, ¿cuántos decoradores, asistentes personales, asesores, guías turísticos, profesores, diseñadores de personajes, estilistas, iluminadores, guionistas o directores pueden hacernos falta en el futuro para dar contenido a los mundos de fantasía que puedan desarrollarse en espacios virtuales que todo el mundo se pueda inventar?

“¿Llamaremos a eso trabajo?”

Pregúntale a (A) si lo que hacemos hoy para ganarnos la vida, lo considerarían un trabajo hace un par de siglos.

“¿Nos pagarán por ello? “

Puede que sí o puede que no. Si es que no, será porque hemos alcanzado un nivel de cobertura social y económica en la que cobrar por “esos trabajos” pueda llegar a ser algo opcional. O bien porque el dinero haya ido perdiendo valor para la mayoría de bienes y servicios de primera necesidad.

“¿Cómo de rápido habrá que adaptarse?, ¿nos dará tiempo a reciclarnos?“

Es más fácil predecir el futuro de dentro de 20 años que el de dentro de 5 años ya que a corto plazo hay multitud de variables, coyunturas, como por ejemplo los temas políticos o regulatorios que pueden adelantar o atrasar los cambios económicos y sociales impulsados por los cambios en la tecnología. Nos esperan muchos conflictos y resistencias de todos aquellos colectivos que hoy siguen pensando que tenían un trabajo o carrera profesional que les duraría toda su vida.

La forma más segura para no ser incluidos en los colectivos de profesionales que más sufrirán en los próximos años es precisamente no pensar que nuestro trabajo es para toda la vida. Debemos ir olvidando lo de trabajar “de lo nuestro”, lo de tener el futuro asegurado porque un día conseguimos una licencia, aprobamos una oposición o nos hicieron un contrato fijo.

Cuando rediseñemos el concepto de “jubilación” profesional, dejaremos de aferrarnos tanto a defender esos trabajos que hoy van quedando desfasados pero que necesitamos que nos duren hasta llegar a una edad de jubilación.

Lo más valioso será nuestra capacidad de aprender rápido, de adaptarnos a los cambios. Viviremos profesionalmente cada vez más ciclos donde combinaremos formación y ocupación cada pocos años. En cada iteración pivotaremos sobre algo que sabemos hacer y algo que nos gustaría saber hacer. Si tenemos suerte, convertiremos nuestros hobbies en nuestras siguientes profesiones. Contaremos cada vez con más ayuda de máquinas que nos entrenen para ser lo que queramos ser. Adaptaremos nuestra vida profesional a la extensión cada vez mayor de la esperanza de vida. Puede que a los 30 años nos encante ser algo parecido a un programador informático, a los 60 años algo parecido a un médico, a los 90 algo parecido a un político y a los 120 años algo parecido a un filósofo o un historiador.

“¿Será necesario trabajar?”

No como obligación. No para alimentarnos o sentirnos seguros.

“¿Habrá trabajo para todos?”

Como hemos explicado con algunos ejemplos sencillos, añadiremos cada vez un mayor nivel de complejidad o sofisticación por el que crearemos trabajos para todos los que quieran trabajar.

Espero que todos quieran trabajar, porque dejará de ser un elemento de necesidad básica para convertirse en un estímulo, un modo de sentirnos parte de un grupo social, sentirnos únicos, distintos, sentirnos vivos gracias a la capacidad de reilusionarnos con nuevos retos y de hacer cosas relevantes, valiosas e importantes para los demás.

¿Cuáles serán los trabajos más valiosos?

Los que combinen una aproximación humanista y científica para abordar la gran cantidad de retos éticos y filosóficos que se generarán en torno a la creación, modifcación y mantenimiento de la vida, y acerca de nuevos modelos de convivencia (económica, social, política y religiosa) que respeten la diversidad y optimicen la abundancia de recursos de una forma sostenible.

¿Podríamos enumerar algunas profesiones a las que veamos mucho potencial en 15 o 20 años?

No. No quiero ponerme colorado leyendo este libro dentro de 10 años. Basta mirar las profesiones más demandas hoy y comprobar que no podían ser ni siquiera definidas hace 10 años. Intentemos ser creativos pero no meramente ocurrentes esforzándonos con una lista de profesiones rimbombantes como “científico de datos especializado en psicología de robots mineros en Marte” porque podríamos ser ocurrentes pero no acertaremos demasiado.

¿Cuáles serán las habilidades o capacidades más necesarias en esos trabajos del futuro?

Necesitaremos una base técnica-científica, (ciencia, tecnología, matemáticas e ingeniería) para entendernos con nuestras nuevas herramientas (nuestras máquinas inteligentes del futuro) y necesitaremos potenciar mucho más nuestras capacidades de entendimiento y trabajo en equipo, de comunicación con máquinas (para transmitirles un plan o unos objetivos), de comunicación con personas (para construir con ellos visiones colectivas y para motivarles e ilusionarles con un fin que merezca la pena), y nuestra creatividad para plantear las preguntas correctas y plantear las necesidades a resolver que sean realmente oportunas.

“¿Por dónde empezamos?¿cómo nos preparamos para este futuro lleno de incertidumbre, de cambios y de retos?”

En primer lugar, estando atentos para conocer y entender, en la medida de lo posible, las principales tendencias y revoluciones tecnologías que actuarán de palancas de transformación en los próximos años. Para ello, este libro es, sin duda, una magnífica recopilación del estado del arte en numerosas tecnologías disruptivas, así como de tendencias y ejemplos que no sólo nos anticipan ese futuro que nos espera, sino que, ojalá, también nos inspiren para que seamos nosotros quienes tomemos las riendas de ese futuro en el que, como siempre, casi todo vuelve a estar por inventar.

José Luis Vallejo, CEO de Sngular

 

Taking good care of good people is profitable.

Taking care of good people who are also kind people, always ends up being profitable. “How many times have you heard me say this? Hundreds, perhaps? That is because I have been saying it for many years. I did not learn it as a strategy to make money; I came up with it simply because it is what I read, the statistic I get from my own professional experience and the experience of my company.

(beware, content no suitable for those allergic to people saying good things about their company and their co-workers, which may end up sounding like self-advertising; keep away from the reach of envious people, and call detox services if you have read two posts of this kind today; in case of overdose use eye drops or visit a blog where they trash, for example, bosses that pretend to be cool but are in fact, bastards)

Ever since I started to build my own company and my own team, I looked for smart, sharp people, people who were better than me, from whom I could learn and improve the many different directions in which the company had to grow… But in addition to being good professionals, it was essential for me from the beginning that they were good persons as well. I had to bring aboard people I would be willing to work with daily because we spend many hours with our co-workers, and if you are lucky enough to be able to choose your team, make it people with whom you want to share a lot of time. On top of that, I tend to be trusting by nature, (a bit too much according to some), so for me, it is better to be surrounded by people with whom you don’t need to be defensive.

I didn’t look for those who were theoretically the most profitable for each particular project, nor for the most docile or polite, and I didn’t want suck-ups… I wanted non-conformists but positive people who want to do things the right way, better and better all the time, those who do not get tired of learning and who ask and look at things from different perspective, people who think outside the box. I even have a soft spot for the grumpy and antsy-pants. In small doses, and mixed into the right team these types complement and enrich the whole with their critical or innovative personalities.

And I always placed my bets on them; I let them do, I trusted them and did my best to be trustworthy for them, I vouched for them whenever I had to. I even had to make some hard decisions when a client forced me to choose. And I always opted for my people. I lost some opportunities or projects my people did not believe in, and I also gained others thanks to their commitment and responsibility, to their creativity and intelligence, thanks to the solidarity of my team.

Today, I am very proud of my team. Most of them, I like to think, feel the company is a little bit theirs because in fact, whether they believe me or not when I tell them, the company goes where they want it to go. They make me diversify because that is what the team wants: people push us, and that is how we get to do different things. Some employees leave us only to return as clients; others leave, learn from other cultures and then return to us (about 5 or 6 almost every year); others tell us about their personal entrepreneurship projects, and we end up being partners in their adventure; others convince us to open offices in cities we would have never considered had they not dragged us along with them (several times after their significant others… a boyfriend or girlfriend who found the work of his or her life in a distant part of the world… and there we went).

But as it turns out, this risky formula of putting employees first has resulted in a company that has a good team, a team with initiative and commitment. And nowadays, that is precisely the scarce commodity that everyone needs: “good professionals with initiative and determination.” That’s what our customers are looking for to add to their technology and innovation projects… And this has led me to have satisfied, returning customers, who give us the opportunity to walk with them in ever more ambitious, more strategic, and also more exciting challenges. And although our ISO9001 consultants still find it hard to understand when we explain this, it turns out that quality, understood as the satisfaction of our customers, is no longer our strategic objective, but a consequence of our way of treating our team. Because, and I can’t stress this enough, we did not start by treating people well as a means to this premeditated purpose, but because we believed it was the best way to build the company we wanted, a business where we would want to for a long time.

And finally, these satisfied and loyal enough customers have pushed our company to take on new challenges, in new countries, and make our company more and more profitable every day.

I am lucky to have this company in the 21st century, where capital is not a scarce good, and small companies can undertake big projects if they have the right people. Perhaps in the 19th century, capital was the most important thing to have, an asset just like machinery or the large factory needed to manufacture a product that, once produced at a competitive price, would always have a market, and where people were a necessary evil to operate the factory or the machinery (in fact we still talk about human resources because people were resources at the service of production). I suppose that if anyone had tried to set up a company based on a philosophy similar to mine in those times, they would have lasted very little and we would never know about them.

But today the scarce good is talent (this is, in fact, a truism since we often forget that the very meaning of “talent” is, by definition, a scarce commodity)… It is human talent, creativity, innovation, empathy with customers… that defines and builds the products and services that in turn generate demand. It is technology and innovation skills, rather than the offer of a particular product, manufactured in any old way that enables the demand. So, having built a company where I wanted to work, I have found by serendipity a way to bring together something scarce and therefore valuable.

For a couple of years now, we have given this strategy a name in my company, we have a Chief Happiness Officer, something many find funny because it seems a way to get attention or a headline. Some think that this position is filled by someone who is dedicated to softening the office with jokes or foosball games … But for us, the CHO is increasingly a fundamental and central role in the company as it is the summary of our entire strategy and has three “simple” goals:

  1. make our employees happy (not only through a good atmosphere, camaraderie, and other obvious things about happy people working more at ease and therefore being more productive and having fewer sick leaves… that too, of course… but I am more concerned about putting employees/partners/colleagues at the center of every business decision, so they feel they are progressing and have a fulfilling professional career, with guidance, training, and challenges nor too large or too small, always taking into account their interests and circumstances when we  are offering them the next professional step.
  2. make our clients happy (understanding them, helping them in their projects, their fears, their goals, sometimes surpassing their expectations, at times trying to make them change their minds, but always taking into account their interests or objectives and trying not to hinder them with ours.
  3. to make our shareholders happy (which, today, are all also employees of the company), with an approach to business that guarantees sustainability (in our case based on our capacity for innovation and diversification) and maintains a good rate of growth and profitability.

And of course, we must treat these three groups of human beings, with honesty, respect, and transparency… If we want our relationship with them to be lasting (and I am beginning to sound like a priest with all this advice on how to treat others) I believe some essential ingredients are necessary to build trust; otherwise, relationships wither.

I guess there are some brainy theories about companies being like any other living organism, and having their own Maslow pyramid, including a business version of security, self-realization, and some ultimate pursuit of corporate happiness… (I am sure that this business happiness theory has already been invented) But what I think may be innovative, what many tell me is very risky, (though it works for me), is that the priorities I have mentioned of making 1) 2) and 3) happy when making day-to-day decisions in the company, are prioritized precisely 1) 2) 3) and not 3) 2) 1) as undoubtedly some profitable companies in past centuries will continue to work today.

Attention!! Disclaimer: do not try to do this in your companies if you do not see it clearly. Beware of applying recipes of any kind, given by anyone who says it works, especially if they come from a LinkedIn management gurus who has nothing at stake because they do not test their theories in their own company (those are the worst). Each company is different; each sector works in a particular way, we all do things in a different way. All I am saying is that, in my sector, with my people and my clients, with my particular things, this works for me in particular, and has worked so far (for 20 years now).

Oh, well! Here is another post without links, tags, photos, or bold, repeated keywords … Crap! Tomorrow some SEO knowledgeable person in the company will scold me, and I will have to admit they are right.

Cuidar de la gente buena, que es buena gente, sale rentable

“Cuidar de la gente buena, que además es buena gente, siempre termina saliendo rentable”. ¿No me habéis escuchado antes esta frase? ¿cientos de veces? Es que llevo diciéndola desde hace muchos años. No la aprendí porque fuera una estrategia que yo me planteara algún día para ganar dinero, sino que la deduje simplemente porque es la lectura, la estadística, que obtengo de mi propia experiencia profesional y de mi empresa.

(atención, contenido no apto para los alérgicos a que otra persona hable bien de su empresa y de sus compañeros y que termine pareciendo autopublicidad; mantener lejos del alcance de los envidiosos y llamar al servicio de desintoxicación si se han leído dos post de este tipo en un mismo día; en caso de sobredosis utilizar algún colirio o blog que hable, por ejemplo, de que los jefes que van de guays son unos cabrones)

Desde que empecé a construir mi propia empresa, mi propio equipo de compañeros, busqué gente lista, gente inquieta, gente mejor que yo para aprender y para mejorar en muchas facetas que poco a poco una empresa tiene que ir incorporando… Pero además de buscar compañeros buenos profesionales, fue para mí imprescindible desde el primer momento que mis compañeros fueran buena gente, que me apeteciera trabajar y convivir con ellos, porque se pasan muchas horas con tus compañeros de trabajo y ya que uno tiene la suerte de elegir compañeros de trabajo, que sea de los que quieres tener para toda la vida. Y encima yo, que soy confiado por naturaleza (de más según algunos), mejor estar rodeado de gente con la que no hubiera que estar continuamente a la defensiva.

No busqué a la gente que fuera teóricamente más rentable para los proyectos que hacíamos en cada momento, ni a la más dócil, ni a los más ‘polite’, ni pelotas … sino a la gente inconformista pero positiva, a los que buscan siempre hacer las cosas bien, cada vez mejor, que quieren mejorar con el tiempo, que no se cansan de aprender, que hacen preguntas y replantean las cosas con enfoques distintos. Incluso tengo algo de debilidad por los que a primera vista parecen un poquito gruñones y por los culo-inquietos. Estos, en pequeñas dosis, y siempre que se mezclen con equipos que les den confianza para que su carácter crítico o innovador, complementan a los equipos bienavenidos.

Y aposté siempre fuerte por todos ellos, les dejé hacer, confié e intenté que confiaran, di la cara por ellos siempre que hizo falta. Incluso tuve que tomar decisiones difíciles cuando algún cliente me puso alguna vez en aprietos obligándome a elegir. Y elegí mi gente, y perdí oportunidades o proyectos en los que mi gente no creía, y gané muchos otros gracias al esfuerzo, al compromiso, a la responsabilidad, a la creatividad, a la inteligencia, a la solidaridad de mi equipo.

Hoy estoy muy orgulloso del equipo que tengo alrededor. La mayoría creo que sienten la empresa un poquito suya porque en realidad, me crean o no cuando se lo digo, la empresa va por donde todos ellos quieren que vaya. Me obligan a diversificar porque es el equipo el que quiere: las personas nos empujan y conseguimos hacer cosas diferentes. Algunos empleados se marchan para hacerse luego clientes nuestros; otros se marchan, aprenden de otras culturas y luego vuelven con nosotros (unos 5 o 6 casi todos los años); otros, nos cuentan un proyecto personal de emprendimiento y terminamos siendo socios en su aventura; otros, nos convencen para abrir oficinas en ciudades a las que nunca habríamos ido si no nos hubieran arrastrado con ellos (varias veces detrás de sus parejas… ese novio o novia que encontró el trabajo de su vida en la otra parte del mundo… y hasta allá nos fuimos).

Pero resulta que esta fórmula tan arriesgada de poner a los empleados como la primera prioridad, ha generado una empresa que tiene un equipo bueno, con iniciativa y con compromiso. Y resulta que en estos tiempos, ese es precisamente el bien escaso que todos necesitan: “buenos profesionales con iniciativa y compromiso”. Eso es lo que nuestros clientes buscan para sus proyectos de tecnología e innovación… Así que he terminado teniendo clientes satisfechos, que repiten, que nos ofrecen la oportunidad de acompañarles en retos cada vez más ambiciosos, más estratégicos y también más divertidos. Y aunque a los consultores de la ISO9001 esto todavía les cueste verlo cuando se lo explicamos, resulta que la calidad, entendida como la satisfacción de nuestros clientes, no es ya nuestro objetivo estratégico, sino una consecuencia de nuestra forma de tratar a nuestro equipo. Porque, reitero, no empezamos tratando bien a la gente como un medio para dicho fin premeditado, sino porque pensábamos que era la mejor forma de construir una empresa en la que nos apeteciera trabajar por mucho tiempo.

Y por último, estos clientes satisfechos y bastante fieles, han empujado nuestra empresa a nuevos retos, a nuevos países, y la hacen cada día más rentable.

Tengo suerte de tener esta empresa en el siglo XXI, donde el bien escaso no es el capital, donde los grandes proyectos se pueden hacer con empresas pequeñas si tienen a la gente adecuada. Quizá en el siglo XIX lo importante era tener el capital, el activo como la maquinaria o la gran fábrica necesaria para producir un producto que, una vez producido a un precio competitivo, siempre tendría su mercado y donde las personas eran un mal necesario para operar la fábrica o la máquina (de hecho todavía hablamos de recursos humanos porque las personas eran recursos al servicio de la producción). Supongo que si en aquellas épocas alguien montó empresas basadas en filosofías parecidas a la mía, fueron empresas que duraron poco y que nunca llegamos a conocer.

Pero hoy el bien escaso es el talento (la frase anterior es una perogrullada por el propio signifcado de “talento” que se nos olvida que es, por definición, un bien escaso)… Es el talento humano, la creatividad, la innovación, la empatía con los clientes…  la que define y construye los productos y servicios que a su vez generan la demanda. Es la capacidad de tecnología e innovación, en nuestro caso, la que habilita la demanda y no la oferta de un producto concreto a fabricar de cualquier manera. Así que, por azar, por haber construido algo donde me apetecía trabajar a título individual, he encontrado la forma de aglutinar algo escaso y por tanto algo valioso.

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Desde hace un par de años, a esta estrategia le hemos puesto nombre en mi empresa, tenemos un Chief Happiness Officer que a mucha gente hace gracia porque parece una manera de llamar la atención, parece algo para sacar algún titular. Algunos pensarán que es alguien que se dedica a amenizar la oficina con chistes o partidas de futbolín… Pero el CHO es para nosotros cada vez más un rol fundamental y central en la compañía ya que es el resumen de toda nuestra estrategia y que tiene tres “sencillos” objetivos:

  1. hacer felices a nuestros empleados (no sólo con buen ambiente, compañerismo y esas obviedades de que la gente feliz trabaja más a gusto y por ello es más productiva y que así tiene menos bajas por enfermedad…, que por supuesto, también …  sino me refiero principalmente a preocuparse en cada decisión empresarial de que los empleados/colaboradores/compañeros se sientan realizados, de que progresan y tienen proyección o recorrido profesional, con guía, con formación, con retos ni demasiado grandes ni demasiado pequeños, teniendo en cuenta sus intereses o su contexto cuando se les propone un siguiente paso profesional.
  2. hacer feliz a nuestros clientes (entendiéndolos, ayudándolos en sus proyectos, en sus miedos, en sus objetivos de fondo, a veces superando sus expectativa, a veces intentando hacerles cambiar de opinión, pero siempre teniendo en cuenta sus intereses u objetivos y no condicionándolos con los nuestros.
  3. hacer felices a nuestros accionistas (que, hoy por hoy, somos todos también empleados de la empresa), con un planteamiento de compañía que garantice la sostenibilidad (en nuestro caso basada en la capacidad de innovación y en la diversificación) y que mantenga una buena tasa de crecimiento y de rentabilidad.

y por supuesto, a los tres colectivos, como personas que son, los debemos tratar siempre con honestidad, respeto, transparencia…Si queremos que sean relaciones duraderas (voy pareciendo ya un cura con tanto consejillo del trato al prójimo) creo que está claro que son necesarios ciertos ingredientes básicos para generar confianza entre las personas o de otra manera las relaciones terminan durando poco o nada.

Supongo que habrá por ahí teorías sesudas de que la empresa, como cualquier organismo vivo, tendrá también su propia pirámide de Maslow equivalente,  y que incluya una versión empresarial de la seguridad, la autorealizacion y algún fin último de búsqueda de la felicidad empresarial…(seguro que esto de la felicidad empresarial debe estar ya inventado) Pero lo que yo creo que puede resultar innovador, lo que muchos me dicen que es muy arriesgado, pero que en mi caso resulta que funciona, es que las prioridades anteriores de hacer felices a los colectivos 1) 2) y 3), cuando se toman decisiones en el día a día de la empresa, sean precisamente ordenadas con la prioridad del 1) 2) 3) y no del 3) 2) 1) como seguramente algunas empresas rentables en los siglos pasados seguirán hoy funcionando.

¡¡Atención!! precaución, no intenten hacer esto en sus empresas si no lo ven claro, o no me vengan luego con reclamaciones. Cuidado con aplicar recetas de ningún tipo, dichas por ninguna persona que diga que a ellos les funciona, y menos si en linkedin tienen etiquetas de gurús del management pero resulta que no se arriesgan con estas técnicas en su propia empresa (esos son los peores). Cada empresa es un mundo, cada sector funciona de una forma, cada maestrillo tiene su librillo. Yo sólo digo que a mí, en mi sector, con mi gente, con mis clientes, con mis cosas particulares, a mí en particular, de momento (en los últimos 20 años) me funciona.

¡Ala!, otro post que escribo sin enlaces, ni etiquetas, ni fotos, ni negritas, ni palabras clave repetidas…¡Mierda!, mañana me echará la bronca alguno de la empresa entendido del SEO y le tendré que dar la razón.

Alma Miller liderará Sngular USA

Tal y como hemos anunciado en la web de Sngular, y como se han hecho eco varios medios de comunicación, estamos muy contentos de contar con Alma Miller como nueva Directora General y Country Manager de Sngular USA.

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Alma es una profesional de perfil internacional con amplia experiencia en telecomunicaciones, banca y gran consumo, con la que buscamos reforzar la vocación multinacional de Sngular.

Alma posee amplia experiencia en marketing. Tras una primera etapa en agencias de publicidad se incorporó a Telefónica TPI Páginas Amarillas como Directora de Marketing hasta el año 2002. Durante los siguientes 6 años, fue Directora de Marca y Comunicación de Vodafone España. En 2008, fichó por BBVA como Directora de Marketing de España y Portugal y posteriormente, tras su reubicación a EEUU en el 2012, ocupó los cargos de Directora Global de Marketing y Directora Global de Transformación Digital de BBVA.

En Sngular llevamos casi un año colaborando con Alma, de manera cada vez más intensa, y hemos visto que nos entendíamos muy bien, que compartíamos unos mismos valores y una filosofía empresarial priorizando siempre el compromiso con la calidad y el cuidado de las relaciones a largo plazo tanto con nuestro equipo como con nuestros clientes. Y, finalmente, hemos conseguido que Alma se dedique al 100% (en cuerpo y ‘alma’, nunca mejor dicho) a impulsar durante los próximos años el crecimiento que esperamos en Sngular USA.

Como Country Manager, Alma se encargará de desarrollar el negocio en EEUU, sumando a los proyectos de desarrollo de software y movilidad (su negocio principal) las nuevas tecnologías como Big Data, Virtual Reality, Innovation as a Service, Cognitive Computing e Internet of Things. Una parte clave de su papel será gestionar a los clientes y equipos ubicados en Miami, Birmingham, Portland y Nueva York aportando su perspectiva comercial y experiencia como cliente. Con esta incorporación, seguimos con nuestra política de atraer talento de diversos perfiles y con capacidades complementarias para consolidarnos como un proveedor multinacional de soluciones tecnológicas.

Siempre es una alegría ver cómo la familia empresarial sigue creciendo pero especialmente cuando conseguimos ilusionar, con nuestro proyecto de empresa, a personas que podrían elegir el sitio que les diera la gana para trabajar y que, siendo así, deciden sin embargo sumarse a nuestra sngular aventura.

 

 

Los BOTs supondrán el fin de los buscadores, de las apps, de los comparadores y cambiarán la publicidad tal y como hoy la conocemos.

Creo que el titulo se explica solo pero esta vez me he propuesto pasar del tweet al blog así que me voy a explicar un poquito más.

Allá por el año 2000, para situarnos en una fecha que en internet es fácil de recordar como referencia, ya teníamos a los buscadores comenzando a liderar la web y existían también un gran número de portales de “clasificados” en donde se ponían de acuerdo oferta y demanda para diferentes categorías de servicios. Los portales tipo segundamano (ahora Vibbo) o como Craiglist en USA permitían ya entonces compartir una habitación de casa, compartir un viaje en coche, comprar una bici de segunda mano o encontrar la mejor tienda de coleccionistas de cualquier cosa.

Hoy, cada una de esas categorías de clasificados, ha explotado en cientos o miles de startups especializadas que luchan por adquirir masa crítica para reinar en internet y algún día, incluso, ganar dinero. Es fácil identificar hoy a los líderes mundiales, los airbnb o los Uber de cada sector y también poder recordar los 2 o 3 operadores principales de cada cosa en cada región o en cada ciudad. Son cada vez más los nuevos jugadores que aspiran a hacerse un hueco en cualquiera de los nuevos nichos de mercado, inventando y refinando modelos de negocio, con servicios derivados o superpuestos a otros modelos de negocio igualmente innovadores que todavía luchan por despegar. Cada vez hay más jugadores, alentados por la aparente (y solo aparente) baja barrera de entrada para iniciar un nuevo modelo de negocio y comenzar la lucha en el ecosistema de startups disruptoras o creadoras de nuevos modelos digitales. Por ello, porque cada vez hay más jugadores y cada vez la masa crítica a alcanzar se hace más costosa, resulta cada vez más difícil ganarse ese pequeño espacio reservado a las pocas compañías que llegan a crecer y sobrevivir lo suficiente hasta ser conocidas, ser recordadas por los usuarios cuando necesitan un servicio, y para ello hacen falta recursos económicos cada vez mayores para invertir en marketing (de manera directa o indirecta) y generar marca. Eso hace que la ingente pasta necesaria para consolidar modelos sencillos pero que se hagan el hueco en nuestro “top of mind” de un tipo de servicio que hemos conseguido explicar o trasladar al merado, sólo se consiga a base de vender expectativas (exponenciales por supuesto) y no realidades.

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Fuente: OuiShare

¿Cuantas empresas conoces que reparten comida a domicilio?. ¿conoces las diferencias entre ellas o simplemente utilizas una habitualmente una y te has planteado estudiar si hay otras mejores? ¿y para pedir un taxi (o equivalente)? ¿y para comprar un billete de avión? ¿cuántas apps tienes instaladas en tu móvil para pagar el parking? ¿y para reservar un hotel? ¿tienes alguna para que te planchen camisas a domicilio?¿crees que habrá alguna para que venga un cuidador hoy a tu casa a quedarse con tus hijos un par de horas? ¿cuántas apps hay disponibles en los markets de aplicaciones móviles de Apple o Google para cualquier cosa que se te ocurra que puede hacer tu móvil?.

Las respuestas normales suelen ser: conozco 2 ó 3, no me planteo si hay nuevas alternativas o mejores porque ya me he acostumbrado a usar una en concreto, no quiero instalarme más cosas en mi móvil, bastante lío tengo ya recordando miles de contraseñas para todas ellas, paso de aprenderme nombres de empresas o instalarme apps que no sé cuánto van a durar y prefiero buscar siempre en mi buscador favorito (que es siempre el mismo porque para qué buscar en varios), o sólo uso servicios de las empresas que se anuncian por la tele que tienen que ser las que tengan dinero ahora mismo y por eso estoy tranquilo de que son empresas que siguen funcionando.

Pues tengo que deciros algo, amigos, remedando el anuncio de detergente: el buscar, el instalar y el anunciar se va a acabar… (en gran medida).

¿Qué pasaría si tuviéramos un “cuñao” al que preguntarle o pedirle de todo?. Un cuñado que fuera muy listo, y que además tuviera mucho tiempo libre, y que nos quisiera tanto que estuviera todo el tiempo pendiente de lo que pudiera ayudarnos… Vamos, que más que un cuñao sería nuestro “supercuñao”. Buscaría en todos los buscadores, se instalaría todas las apps, probaría todos los servicios, se leería toda la letra pequeña de todas las condiciones de todos los servicios y además, supiera de nuestros gustos, de nuestras necesidades y en todo momento nos aconsejara o directamente se encargara de nuestras cosas. Sería mucho más que un asistente personal, sería mucho más que un sabelotodo, sería mucho más que un comparador… sería el que elegiría siempre la mejor opción disponible. Empezariamos por las cosas sencillas: quiero un hotel, quiero un taxi, quiero una pizza… y todas esas grandes necesidades del primer mundo que están todos los ejemplos de negocios disruptivos. Pasemos a esas dudas a las que nos enfrentamos también periódicamente: hay un mejor seguro, qué hipoteca me conviene, qué móvil me aconsejas, dónde me voy de vacaciones, cuánto puedo ahorrar o gastar si cambio de coche, o me puedo permitir ese viaje. Ya lo estoy viendo…Hay que reconocer que este supercuñao es un chollo y encima es alguien discreto que no le dice a mi familia todas las cosas en las que estoy pensando, sólo él sabe de mi economía, de mis condicionantes, de mis planes secretos.

Pero es que este supercuñado es cada vez más listo, se pasa las noches leyendo, no sé cómo saca tiempo para decirme que ha comparado 1.453 ofertas de seguros de coche y se ha descargado todos los datos que le da la centralita de mi coche, ha mirado los itinerarios en base a mi agenda, ha previsto mis viajes, y va y me dice que me vendría bien un cambio de seguro, que me ha sacado un seguro de viaje para el próximo 16 y 18 de marzo y no sé qué de que me ahorro ese día un 3% de seguro mejorando mi cobertura en el caso de que me quede sin gasolina por el camino. Yo alucino con mi supercuñao.

Cómo no le voy a hacer caso si sabe de mí mucho más que yo mismo… y además siempre me contrata unos chollos increíbles de esos que nadie conoce porque no se anuncian en televisión, son empresas no muy conocidas por los demás pero que ofrecen cosas muy interesantes que siempre se adaptan a mi estilo de vida.

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Monty Frugal

Estoy deseando que mi supercuñao acabe el cursillo de “cómo aconsejar qué estudiar a tus hijos”  que me han dicho que tiene en cuenta las nuevas 12000 cursos y titulaciones que salen este año, porque ya el año que viene me tocará empezar a aconsejar a mi hijo sobre lo que más le puede interesar como próximo estudio (menos mal que aunque mi hijo sabe que yo siempre pregunto a mi supercuñado, prefiere que sea yo quien le termine aconsejando porque a él le entiendo yo mejor).

Y lo que más me sorprende de mi supercuñao es que ni siquiera tengo que escribirle para preguntarle cosas, no sé cómo siempre sabe cuándo puedo necesitar un taxi o sabe cuándo planificar mis inversiones y cuándo revisar los temas de salud. Bueno sí, claro, lo sabe todo de mí porque ya le di todas mis contraseñas de mi banco, mi acceso a mis datos médicos y sospecho que también porque lo saca todo de ese móvil que me regaló.
Por cierto, desde que tengo la ayuda de mi supercuñao, hace mucho que ya no busco cosas en internet, tampoco me molesto en instalarme apps (prefiero hablarle por el pinganillo porque siempre está el tío ahí pendiente y me responde en segundos). Ah, sí, sigo viendo la tele, y de vez en cuando me trago algunos anuncios. Me gustan los de colonia (sobre todo esos que no se entienden) o los de coches… pero cuando veo que aparecen anuncios de otro  nuevo servicio de internet de planchado a domicilio, pienso… qué logo y musiquilla más chulo, pero seguro que mi cuñado se sabe ese y otros muchos servicios mejores que ese que han invertido el dinero en dar mejor servicio y no en hacer el anuncio de tv.

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El que, a estas alturas, no haya sospechado ya, que mi supercuñado es un AI bot o simplemente Bot (un agente con inteligencia artificial, lo que en el futuro llamaremos persona sintética o algo así que hoy suena raro), por favor, con todo mi cariño, que vaya cambiando de blog al que leer.

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Por cierto, en Sngular, aprovechando que tenemos en casa todas las capacidades de procesamiento de lenguaje natural en varios idiomas (nuestro producto MeaningCloud ofrece en modo SaaS muchas de estas capacidades), nos vamos a poner ya a trabajar en un primer proyecto de AI-Bot que se llamará Alfred (como el mayordomo de Batman). Nos hace mucha ilusión. Sabemos que en los inicios nuestro Alfred no entenderá ni hará gran cosa y será un poco simplón, pero nos da pinta de que va a ser de los que aprenden rápido y que poco a poco se hará confiable e imprescindible, ojalá llegue a ser ese supercuñao que todos querremos tener.

El IoT, mucho más de lo que hoy imaginamos

En mi empresa (Sngular) arrancamos el año con el lanzamiento de una nueva competencia: El Internet de las cosas (Internet of Things o IoT para los amigos). Pensamos que tenemos ya en la empresa todas las capacidades necesarias para combinar en hardware, software, cloud computing, data analytics, cognitive computing, machine learning… de forma que podamos ofrecer soluciones innovadoras en IoT y en especial al sector industrial, que ahora se enfrenta a la llamada cuarta revolución o Industria 4.0 y en el que ya hemos hecho una decena de proyectos muy interesantes.

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Pero hoy no vengo a hablar de Sngular, quiero aprovechar para hablar un poquito de qué debemos entender o esperar de esto del IoT porque se tiende a banalizar lo que, a mi juicio, es el inicio de toda una nueva gran revolución en todos los sectores. 

En la mayoría de los casos, cuando se piensa en ‘Internet’, se piensa automáticamente en ‘la web’, pero eso es como si cuando a uno le preguntases qué es la electricidad pensase únicamente en una bombilla que da luz y no viera que la bombilla es sólo uno de los muchos usos de la electricidad.

Como todos sabemos, con la electricidad, además de poder generar luz (con una bombilla o un led), también podemos generar calor (con una resistencia) o movimiento (con un motor eléctrico que puede mover un ventilador, un coche, una grúa o un ascensor).

De igual manera, Internet es la infraestructura, los protocolos y estándares que nos dan la capacidad de intercambiar información digital a nivel mundial. Encima de esta capacidad de comunicación, se desarrollaron multitud de servicios (para transferir ficheros, para mandar correos electrónicos, o para navegar por la web de contenidos que últimamente se han convertido en aplicaciones vistosas donde el formato ha triunfado sobre el contenido).

Por ello, dado que pensamos en web al hablar de Internet, nos hemos vuelto a inventar otra palabra, el “cloud” o la nube, para cuando Internet no tiene interfaz para los humanos, para cuando sólo nos queremos referir a la capacidad de almacenar todo en la red, proporcionando acceso universal desde cualquier dispositivo, y añadiendo además a la propia red ordenadores servidores para el procesamiento de dicha información de manera mucho más potente y eficiente que procesando la información con los ordenadores de las empresas o usuarios de la red.

Ya hemos hablado de lo que se nos viene a la cabeza por Internet pero, ¿qué pensamos sobre “las cosas”? Normalmente pensamos en los aparatos y máquinas más domésticos que tenemos a nuestro alcance y que manejamos directamente (el frigorífico, el coche, el móvil, la lavadora, o las luces y persianas de nuestra casa). 

Por eso, cuando se habla de Internet de las cosas, la noticia del telediario solía ser hasta hace poco la de una pantalla táctil para navegar por Internet desde la puerta del frigorífico (que coincidiréis conmigo en que es el lugar en el que más cómodamente uno puede consultar las redes sociales o las recetas de cocina o hacer la compra de los huevos que vemos que faltan en el frigorífico). También nos imaginamos un Internet de las cosas que se limite a ampliar las funciones de nuestra pantalla del coche para reproducir mis canciones favoritas desde Spotify. Y no digamos la maravilla que supone que con el móvil podamos decirle de camino a casa que el horno se encienda para que el pollo esté a punto cuando lleguemos al hogar. Se da por hecho que la preparación previa del pollo es lo de menos.

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Sin duda, esa capacidad de conectar nuestras cosas, nuestros cacharros, para que sea más fácil manipularlos, parece revolucionaria y cómoda, pero os aseguro que ese no es el IoT que lo va a revolucionar todo; tendemos a simplificar, pensando que esto de las cosas inteligentes sólo se aplica a lo que nosotros usamos, cuando la mayoría de las cosas que se van a ir haciendo inteligentes van a empezar a “hablar” entre ellas, sin que nosotros nos enteremos ni intervengamos de ninguna manera: un semáforo con un coche, un coche con otro coche, un candado o una alarma con una cámara que reconozca una cara, un sensor de humedad y un GPS con un tractor que se conduzca sólo, un contenedor de basura con un camión de basura…

Es ese “Internet silencioso”, el que no tiene interfaz gráfico para los humanos, el cloud que se limita a conectar todo, a almacenar la información de todo… y la conexión al cloud de trillones de dispositivos, sensores, máquinas, microprocesadores o pequeñas inteligencias repartidas por todas las máquinas cada vez más autónomas, máquinas que no son ya manejados por personas, máquinas que hablan con máquinas (M2M o Machine to Machine); ese Internet, decíamos, es realmente el que va a revolucionar la industria en la llamada cuarta revolución industrial o Industria 4.0.

Para simplificar, la primera revolución industrial fue la facilitada por la máquina de vapor, la segunda por la electricidad, la tercera por la electrónica e informática, y la cuarta es la que facilita internet por la que se mezclan máquinas físicas y lógicas, las máquinas hablan con las máquinas (M2M), y empezamos a hablar de cyberObjetos (objetos inteligentes y conectados), o de Internet for Everything o Internet de las Cosas (IoT) que son únicamente nombres marketinianos de los que nos vamos aburriendo sucesivamente.

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Os pongo algunos ejemplos sencillos que ya son posibles con la tecnología actual y que irán inundando nuestras vidas, nuestros objetos, nuestros edificios, nuestras fábricas, nuestros hospitales, nuestras escuelas, nuestras ciudades de manera progresiva e imparable.

El cerebro de un ascensor

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El cerebro del ascensor sabrá en qué estado de desgaste están todas las piezas del sistema, según su uso; enviará informes detallados a su central; anticipará fallos en sus sistemas solicitando sustitución de piezas o revisiones técnicas específicas mientras sube y baja por los pisos de un rascacielos a petición de las personas que pulsan los botones, abriendo y cerrando sus puertas automáticamente; aprenderá a ser más eficiente para usar la energía, para tardar menos tiempo, pero también hablará con el resto de ascensores del edificio, y con las escaleras mecánicas, y se “entretendrán” en observar  cuánta gente entra, o sale, en cada planta, en cada momento, y observarán a sus pasajeros y calcularán con mucha precisión de qué peso, de qué altura, de qué género, de qué edad, de qué costumbres son; podrán saber y podrán predecir cuánta gente hay o habrá en cada planta en cada horario, según el día de la semana, cómo se ven afectados estos patrones si se toman decisiones en el edificio. Si este edificio es un centro comercial, podrá servir para optimizar las ventas. Si este edificio es de oficinas, probablemente también tendrá contadores de personas en salas de reuniones, optimizará cómo se gasta energía en climatizar, en limpiar las oficinas, en aprovechar mejor las instalaciones según la cantidad de personas que lo utilizan en cada momento. Lo lógico es que estos edificios nos empiecen a hacer recomendaciones y nos propongan escenarios que podamos simular y que permitan optimizar los horarios, o la distribución de la actividad, o mejorar los costes de mantenimiento o la eficiencia energética.

Nuestro coche.

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Nuestro coche, con un corazón cada vez más electrónico, no sólo nos mostrará la pantalla multimedia de última generación, monitorizará el estado de todos sus componentes, anticipará averías, guiará al técnico en la reparación o revisión y seguirá siendo cada vez más eficiente y barato de mantener, sino que  también tendrá información, muy codiciada por nuestro seguro o por muchas empresas, acerca de cómo usamos el coche, qué estilo de conducción tenemos, por dónde nos movemos, cuál es la ruta idónea, qué está haciendo el coche de 5 coches delante nuestro en un atasco o, al cruzarnos con otros coches, se intercambiarán con detalle el estado del firme que nos vamos a encontrar en los próximos kilómetros y que acaban de ser escaneados por el coche que venía en sentido contrario. En muy poco tiempo, el coche podrá llevarnos a cualquier sitio de manera autónoma porque, sin duda, será mucho más seguro que conduzca la máquina, que tendrá mucha más información, muchos más reflejos y mucho más control de la conducción. Los semáforos luminosos para humanos serán completamente prescindibles. Se evitarán mucho mejor los atascos. Desaparecerá el problema de “aparcar”.

Los coches llevarán a nuestros hijos al colegio y luego se volverán a casa a esperarnos o nos irán a recoger al trabajo pasando previamente para que les carguen la compra. La ciudad cambiará dinámicamente sus reglas para que la circulación sea ágil, para que los parkings se utilicen de manera eficiente, para que la contaminación disminuya, aprenderá de lo que le digan los coches y los coches se adaptarán a lo que les digan los elementos de la ciudad. Cuando lleguemos con nuestro coche eléctrico, conectado, a la plaza de aparcamiento de la oficina, el coche negociará con el enchufe y decidirá si le interesa comprar electricidad o venderla a la ciudad si no la vamos a necesitar antes de volver a casa y producimos en casa más barato que el precio al que se compra en el barrio industrial, y en ese mismo momento se producirá la microtransacción económica que corresponda que, aunque sea de unos pocos céntimos, se hará de manera automática, porque las transacciones económicas tendrán un coste de transacción marginal y despreciable. Al dejar el coche en casa por la noche, el coche nos preguntará si nos parece buena idea que se vaya el solo a las 4 de la mañana a pasar la ITV del futuro porque ha visto en nuestra agenda que no queremos hacer nada a esa hora y que es la mejor hora para gastar menos energía en ir a la ITV.

Industria 4.0

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En nuestra fábrica 4.0 todas las magnitudes, de cada pieza, de cada máquina, de cada consumible, estarán monitorizadas en tiempo real. Se guardarán todos los datos para ver las curvas de evolución de desgaste, para hacer un análisis predictivo de cuándo hay que hacer un cambio de aceite, cuándo hay que cambiar una pieza, cuándo hay que parar un máquina para mejorar el consumo eléctrico, aumentar la producción, reducir los escasos stocks necesarios de consumibles (porque tendremos la capacidad de predecir su consumo) o los escasos stocks de productos generados (porque fabricaremos bajo demanda en tiempo real e incluso prediciendo la demanda).

Salud

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En nuestra salud, la revolución ya la vamos intuyendo… las cosas a “iotizar” son sensores y actuadores cada vez más diminutos capaces de monitorizar y compensar todo tipo de constantes vitales, concentración de sustancias en sangre o en el sudor, o en el estómago o de predecir cuándo se desequilibran los sistemas de nuestro cuerpo. Recordemos que la salud no consiste en otra cosa sino en el mantener el equilibrio de muchas variables en sus rangos adecuados, en los que la vida se desarrolla y en los que nuestros órganos están diseñados para autocompensarse; y que las máquinas y sistemas autónomos perseguirán contínuamente el restablecimiento de los equilibrios de todas esas variables ante variaciones producidas por enfermedades o accidentes. De esta forma, al igual que hoy el piloto automático de un avión compensa un sistema de guiado dinámico midiendo y controlando multitud de variables mientras va acercando el avión a la pista de aterrizaje, tendremos sistemas de monitorización vital que, en piloto automático, persigan restablecer los equilibrios para, de esa forma, proteger, alargar y mejorar nuestra vida.

No quiero extenderme con ejemplos en todos los sectores, de la gran industria, de las infraestructuras de producción y distribución de energía, de la agricultura, la logística, el comercio de distribución… No se trata de ser exhaustivos en imaginar todo lo que va a cambiar en cada sector porque simplemente el IoT lo va a cambiar absolutamente todo en una o dos décadas.

Tampoco quiero incluir aquí todas esas fotos e infografías futuristas e impactantes sobre de las cosas conectadas en la fábrica o en el hogar, porque simplemente cualquier ejemplo nos limita nuestra imaginación para pensar y redefinir lo que nos espera.

Al que le parezca que todas estas cosas nunca llegan, sólo tiene que mirar hacia atrás: sin duda nos fiaremos completamente de un coche que se conduzca solo al igual que hoy no entendemos que para subir al décimo piso tengamos que necesitar un ascensorista de uniforme para manejar el ascensor, nos dejaremos operar por una máquina programada para nuestra apendicitis, igual que hoy preferimos que las dioptrías del ojo las corrija automáticamente un láser y no un cirujano con muy buen pulso.

Estamos al principio de una gran revolución, de los objetos fabricados de manera personalizada, en el momento y lugar que sean necesarios, de objetos inteligentes que cuenten con toda la información del entorno necesaria para autorepararse, para adaptarse aprendiendo y mejorando de manera automática en función del uso que les demos.

Todos los objetos físicos podrán estar conectados con el resto de objetos del mundo y con centros de procesamiento inteligente que tendrán acceso a toda la información necesaria y de esta forma todos los objetos podrán ser extendidos con una identidad digital que los complemente y mejore. 

La conexión a Internet, a esa gran red donde encontrar toda la información y toda la capacidad de proceso que sea necesaria, hará que cualquier pequeño objeto, ya sea un sensor de humedad, una cerradura o un candado de bicicleta, una mochila, una señal de tráfico, un oso de peluche, un llavero, un bolígrafo… empiecen a parecer cada vez más inteligentes gracias a la versión digital que acompañará a todo objeto.

Utilizaremos la voz, o nuestro móvil, para preguntar a una mesa sobre sus características, sobre su fabricante, sobre su coste y el objeto (vía aplicación móvil o como sea, nos responderá con atributos, características…). En una tienda de muebles, le preguntaremos a un sofá (ya veremos si le preguntamos desde el móvil o desde las lentillas que sobreimpresionen información sobre lo que vemos) que si nos cabe en el rincón de nuestro salón o a un coche que nos guste y que esté aparcado en la calle que cuánto nos costaría su compra y mantenimiento anual para nuestro estilo de vida y conducción. Podremos comprar cualquier objeto que veamos, la ropa que llevan puesta los demás, un cuadro que nos guste de la recepción de un hotel, cualquier imagen de una revista o anuncio de televisión…gracias al reconocimiento de imagen y la conexión con el comercio electrónico del futuro. Nuestros hijos verán muy poco útiles esos objetos físicos que no tengan esa conexión o identidad digital que los complemente: será parecido a la sensación que hoy tienen nuestros pequeños cuando cogen una revista e intentan hacer zoom sobre una foto utilizando los dos dedos como hacen con cualquier imagen que ven en una tableta.

Hoy ya la impresora de casa se compra por internet sus propios cartuchos de tinta cuando se empieza a agotar si así lo hemos autorizado previamente. Pronto tendremos que revisar el presupuesto que damos a cada objeto para su automantenimiento pero también los objetos tomarán decisiones según el contexto para hacernos ahorrar o incluso hacernos ganar dinero (por ejemplo, si la regulación finalmente nos deja producir electricidad a partir del sol que cae en nuestro tejado, nos permite transportarla en la batería de nuestro coche, y venderla a la ciudad aprovechando el estacionamiento del coche mientras damos un paseo de compras por el centro).

Sólo espero que toda esa liberación de tareas y ese tiempo libre que tengamos gracias a los miles de objetos que nos rodeen dispuestos a ayudarnos o hacernos la vida más fácil nos deje algunos placeres sencillos e insustituibles que no requieran ser automatizados: espero que no mandemos un par de drones para que salgan de paseo con nuestros hijos y con nuestro perro con la misión de cuidar de la seguridad de los primeros y de lanzar el palo o recoger las cositas del segundo (alguien estará ya también pensando en esta aplicación del Internet de las cosas… marrones).

Es previsible también que aparezcan aplicaciones absurdas y noveleras para algunos pero que parezcan vitales y transformadoras para otros (como ese pañal que cuando siente la humedad envía un ‘wasap’ al padre o la madre, que supongo que podrá saltar del sofá de un brinco para cambiar el pañal al niño antes incluso de que el niño se encuentre incómodo y empiece a llorar, sin duda una disrupción para el hogar).

Lo que está claro es que todo está por hacer, por reinventar; que estamos ante una nueva era en la que podemos hacernos la vida más cómoda, más eficiente y económica, más saludable, más respetuosa con todos los demás y con el medio ambiente.

El momento que vivimos es especialmente emocionante porque dependemos cada vez menos de la disponibilidad de la tecnología necesaria, que ya está aquí, y más de la imaginación y del conocimiento profundo del ser humano que nos permita entender las necesidades que realmente queremos satisfacer.

Me entrevistan en Futurizable

Estoy encantado de haber participado/apoyado/colaborado con Javier Martín Robles en su proyecto Futurizable donde en los últimos meses han hecho una recopilación exhaustiva e intensiva de temas muy interesantes de futuro.

En la entrevista que a mí me hacen (disponible si te registras en futurizable.com o bien con este enlace) me preguntan, como suele ser habitual, de gastronomía, golf, vinos, toros y el mundo de la vela en general. ;-)