El poder del “sueldo emocional”

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¿Conocéis a alguien que últimamente haya dejado un trabajo bien pagado para “hacer algo que le gusta”?

¿Os habéis encontrado con alguien que ha pedido una excedencia en su trabajo para poder “cambiar de aires”?

¿Os parece lógico que haya gente prejubilada prematuramente que quiera trabajar, aunque sea con un sueldo simbólico, para seguir aprendiendo, para tener un reto intelectual, para contagiarse de un equipo entusiasta con una idea?

¿Habéis encontrado alguna vez un amigo que ha dejado su jaula de oro en algún trabajo para volver a ponerse a prueba, a retarse a sí mismo?

¿Te parece ciencia ficción que alguien deje un trabajo seguro en los tiempos que corren?

Afortunadamente, por mi trabajo, tengo la suerte de estar rodeado siempre de colaboradores, clientes y amigos que no tienen miedo a cambiar de trabajo porque creen firmemente que la seguridad profesional no se consigue aferrándose a supuestas conquistas profesionales sino precisamente poniéndose a prueba en todo momento, manteniéndose al día como mejor estrategia de mejora y supervivencia.

Y cada vez más, parece que precisamente este tipo de gente, que no le tiene tanto miedo al cambio, al reto, al aprendizaje continuo, a abandonar un supuesto status de seguridad y reconocimiento, son precisamente quienes, cuando cambian de trabajo, menos importancia dan a su próximo sueldo.

Y es que, siguiendo la didáctica pirámide de Maslow, pareciera que el trabajo sólo debe aportarnos dinero y éste ser meramente el medio para cubrir las necesidades básicas de los primeros escalones de dicha pirámide.

Pero el trabajo, al igual que la familia, o la educación, o el ocio, son ejes transversales que todos ellos contribuyen en cualquiera de los escalones de nuestra jerarquía de necesidades.

El trabajo, además de dinero, nos aporta (o no) amigos con los que compartimos mucho tiempo de nuestras vidas; nos aporta (o no) la sensación de pertenencia a un proyecto o una identidad común; nos hace identificarnos (o no) con valores profesionales y personales; nos hace crecer (o no) hacia un objetivo profesional en el que queramos vernos dentro de unos años (o no).

Por ello, cada vez más gente, cuando define un siguiente paso profesional, relativiza su retribución económica respecto a otras formas de retribución: retos intelectuales, proyectos interesantes por su contenido o por su impacto en los demás, gente de la que rodearse para aprender y con la que complementarse; ambiente y estilo de trabajo; libertad y autonomía para dar nuestro toque personal al trabajo que hacemos…

Si vemos las 4 empresas de mayor capitalización bursatil en USA en este momento, veremos que 3 de las 4 están basadas en conseguir atraer, retener, motivar a “gente con talento”. Y que lo que vincula a esta gente con talento con la empresa es la existencia de otra gente con talento y de proyectos y entornos pensados para desarrollar dicho talento.

Como empresa de la nueva economía del siglo XXI, cuando quieres tener a los mejores “cerebros de obra” y no “mano de obra” y sólo tienes dinero para ofrecer estás empezando a entrar en problemas. En mi sector (ingeniería, software, etc) tengo más que comprobado que los proyectos salen bien exclusivamente por tener a gente con capacidad y con compromiso. La personas con mayor capacidad no se “reclutan” si no que se convencen gracias a otra gente con talento. Y el compromiso “no se compra” sino que se construye, como las emociones, por contagio.

Por eso, las empresas pequeñas o medianas tenemos una enorme oportunidad sobre las grandes en este momento y todos los días vemos ejemplos de sectores que se remodelan destronando a grandes jugadores por la iniciativa de alguien “pequeño”.

Mirad donde lleva a cualquier gran empresa confundir a las personas con recursos. Probad a reclutar personal experto en tecnología utilizando el modelo “superlopez” de la compra de suministros.

Y es que los pequeños y los medianos ;-) todavía tenemos “alma” de empresa, somos capaces de compartir con nuestros colaboradores (o trabajadores) proyectos en común, proyectos a la medida de lo que todos queremos construir…y podemos pagar a todos nuestros colaboradores mucho más que la competencia gracias a una moneda (emocional) que se cultiva y se desarrolla en organizaciones con ideales y que desgraciadamente escasea enormemente en las grandes corporaciones.

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9 pensamientos en “El poder del “sueldo emocional”

  1. Cris dice:

    Me encanta, Val!!

  2. Carlos Vigo dice:

    Muy de acuerdo Jose Luis. Hace tiempo que, por todo eso, buscamos más en empresas pequeñas, que es donde vemos que están los verdaderos desarrolladores que nos gustan :-)

    • jlvallejo dice:

      Gracias Carlos. Sabes que en nuestros pequeños ecosistemas de relaciones profesionales de confianza… con esto del software que todavía sigue siendo más artesanal de lo que nos gustaría, aquellos desarrolladores que no participan de esta cultura vocacional al final salen autoexpulsados de las organizaciones como la nuestra.
      Un abrazo!

  3. Santi dice:

    A mí que no me cuenten milongas. En España no se busca a gente con talento. Nunca se ha buscado, y si no, que se lo digan a los verdaderos protagonistas en la fuga de cerebros. Aquí, la mayoría sólo busca gente joven a la que asustar con “hay mas gente”, y a la que explotar con sueldos ruinosos, que ni para esas necesidades básicas, porque, no nos engañemos, tradicionalmente, España no es un país muy emprendedor que digamos, y al que quiera emprender, ya será el gobierno, este u otro, quien le coserá a ridículos impuestos y a una obsoleta y asquerosa burocracia para quitarle las ganas a cualquiera.
    Resumiendo, que no está el horno para bollos en este país, ni para emprender, ni para buscar un puesto de trabajo, porque hasta los hasta hoy supuestos “trabajos bien remunerados”, no son trabajos “bien remunerados”. Por mi parte, en caso de dejar el que tengo, no tendría ninguna pega en irme al extranjero hasta que la cosa cambie, porque lo que yo valgo, no hay nadie en este país que me lo valore, ni emocional, ni económicamente, de modo, que como decía, no me contéis milongas, coño.

    • jlvallejo dice:

      Hola Santi. Gracias por el comentario.
      Puede que necesites un trabajo nuevo, no lo sé, pero lo que es seguro que necesitas es que se te quite el cabreo con el que tienes.
      El día que encuentres un trabajo que no te haga pensar así (y ojalá sea en España) será que (sumando dinero + trato personal y puede que alguna milonga) te pagan todo aquello que necesitas y te hacen sentirte valorado.
      Un abrazo!

  4. Anónimo dice:

    yo también he pensado muchas veces en esto, pero de una forma diferente. Siempre me ha gustado pensar en el buen hacer de las personas y que todo el mundo tiende a mejorar tanto personalmente como profesionalmente. Bajo mi punto de vista, está claro que lo más importante en la vida no debería ser el dinero, sino la felicidad o la salud. Para conseguir que las personas sean felices haciendo su trabajo necesitan que se les respete, se les aprecie y se les recompense. Me preocupa que la idea general del post tenga una visión tan empresarial y que se venda que no necesitas preocuparte por el dinero porque trabajas con gente con talento. ¿Por qué deben ser los empleados los que piensen en trabajar por amor al arte y no los empresarios los que den el paso a preocuparse por la gente que tienen contratados? ¿Por qué las empresas en España no reparten beneficios anules o bonus entre todos los empleados, si tan importante es el dinero para la empresa? ¿Por qué no se invierte lo suficiente en formación? ¿Se preocupa su empresa por la salud de sus empleados?
    Como suele ser habitual desde la empresa se espera que el empleado siempre haga el sacrificio que beneficie a la empresa y mantener una política de ahorro de gastos.

    • jlvallejo dice:

      En mi caso intento, como empresario, que esa compensación emocional no sea artificial. Es decir me gustaría que mis colaboradores se sintieran apreciados y valorados porque realmente la empresa los aprecia y valora. Las emociones (perdona que parezca cursi seguir utilizando la metafora para la relación entre las personas y la empresa) suelen ser siempre recíprocas.
      Además de formación o retribución en función de los resultados de la empresa, el que la empresa crea realmente en que su activo son sus personas y se esfuerce por que las personas así lo puedan comprobar, es uno de los factores que hoy pueden ser diferenciales pero creo que mañana será uno de los factores necesarios e imprescindibles para que las empresas sobrevivan.
      Un saludo.

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